21 de febrero: san Pedro Damián, el cardenal reformista que solo quería volver al monasterio a rezar - Alfa y Omega

21 de febrero: san Pedro Damián, el cardenal reformista que solo quería volver al monasterio a rezar

Maltratado por su hermano y con una acentuada vocación a la contemplación, la vida de san Pedro Damián estuvo marcada por la tensión entre la vida retirada y la obediencia a los Papas, que lo buscaban para misiones difíciles, como restaurar el celibato del clero

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Este detalle de un fresco de los Museos Vaticanos le representa escribiendo una regla para los camalduenses.
Este detalle de un fresco de los Museos Vaticanos le representa escribiendo una regla para los camalduenses. Foto: Lawrence Lew OP.

Es muy habitual en la vida de los santos más conocidos haber pasado algún tiempo retirados del mundo antes de lanzarse a la actividad que luego los dio a conocer. Son multitud los fundadores de congregaciones y de obras de todo tipo que pasaron un tiempo en la soledad de una cueva, en contacto íntimo con Dios, como paso previo a su apostolado. Muchos de ellos casi no tuvieron que hacer nada: esa vida retirada atrajo a muchos a su alrededor y ese fue el germen de una realidad apostólica posterior. Todos ellos atestiguan, como san Pedro Damián, que el alma de todo apostolado es la oración. 

Nacido en Rávena (Italia) en 1007, era el último de una familia de seis hermanos. Sus padres murieron pronto y quedó a cargo de sus hermanos mayores, uno de los cuales lo maltrataba y lo obligaba a hacer trabajos muy duros para su edad. Agotado, huyó de casa y fue acogido por el primogénito de la familia, arcipreste de Rávena, que se ocupó de darle no solo manutención, sino también una educación. Estudio el trivium y el quadrivium, los saberes de su tiempo, y eso le sirvió para ejercer de docente de los hijos de las mejores familias de la zona.  

En 1034 fue ordenado sacerdote, muestra de una inquietud espiritual que llevaba a la práctica con ayunos y penitencias. Lentamente, empezó a madurar en él la llamada a retirarse del mundo, que cristalizó durante una cena a la que había invitado a algunos pobres. Dio a uno de ellos un pedazo de pan duro y se quedó con uno más sabroso, pero el hombre se atragantó y Pedro vio en ello una llamada de atención del Señor. Le cambió el pan y el mendigo se recuperó. Pedro se fue a dormir esa noche con la decisión ya tomada: en 1035 se unió a dos monjes del eremitorio camalduense de Fonte Avellana, al sur de Rávena, y allí comenzó una nueva etapa de su vida. 

Excomuniones y un asesinato

Los primeros años fueron tranquilos. Pedro Damián oraba, estudiaba y escribía. Sin embargo, sus superiores valoraron sus cualidades y pronto le dieron encargos: primero fue maestro de novicios y luego le reclamaron en otros cenobios para reformar la vida comunitaria. Siendo prior de Fonte Avellana redactó una regla basada en la disciplina y el silencio, con el objetivo de que el monasterio fuera «el lugar donde Dios conversa con los hombres». 

Los Papas de aquel tiempo se fijaron en él para llevar sus ideas al resto de la Iglesia. Esto lo llevó a recorrer Europa combatiendo dos fenómenos que lastraban la vida de fe de los fieles: la simonía —compra y venta de cargos eclesiásticos— y el nicolaísmo —la laxitud con la que muchos sacerdotes vivían el celibato—.  

A pesar de su personal inclinación al silencio y el cultivo de la vida interior, el Papa Esteban IX lo creó cardenal, un cargo que el santo aceptó por obediencia. Una misión especialmente difícil fue la que desarrolló en Milán, donde abundaban los curas amancebados. Enviado por el Pontífice para implantar allí la reforma del clero, encontró una resistencia tal que se desató un cruce de excomuniones y hasta un asesinato. Finalmente, las aguas volvieron a su cauce y el santo logró un acuerdo para restaurar el celibato. 

Bio
  • 1007: nace en Rávena.
  • 1034: es ordenado sacerdote.
  • 1035: entra en el monasterio de Fonte Avellana.
  • 1057: es nombrado cardenal de la Iglesia católica.
  • 1067: vuelve al claustro.
  • 1072: muere en Faenza.
  • 1828: es declarado doctor de la Iglesia por León XII.

Después de otros encargos papales por diversas ciudades de Italia, en 1067 Pedro Damián solicitó al Papa permiso para volver al claustro. Sus últimos cinco años los pasó en el lugar del que en realidad no habría querido salir en toda su vida. Allí murió el 21 de febrero de 1072

«San Pedro Damián fue sin duda un hombre de Dios y de la Iglesia y colaboró con los obispos y el Papa de forma inteligente. Sin embargo, como eremita, impresiona cómo vivió plenamente en la escuela del desierto», afirma fray Antonio, uno de los monjes del yermo eremita de Nuestra Señora de Herrera, en Burgos. En su opinión, la soledad de los monjes y eremitas «no impide, sino que misteriosa y verdaderamente fortalece su presencia espiritual en la comunión de la Iglesia»; porque cuando el ermitaño reza «es toda la Iglesia la que reza a través de él, cumpliendo perfectamente con el deber de su universalidad». 

En este sentido, lo que san Pedro Damián nos puede enseñar a quienes deseamos llevar a Jesucristo a la agitación y las prisas de este mundo es que «los verdaderos revolucionarios son aquellos que han aceptado la fascinante aventura del retorno a Dios mediante el ocultamiento y el silencio, la oración y la penitencia y el servicio a sus hermanos».