El Papa, con los trabajadores del espectáculo ambulante. El circo, fábrica de esperanza - Alfa y Omega

El Papa, con los trabajadores del espectáculo ambulante. El circo, fábrica de esperanza

«Gracias por vuestro trabajo», le dijo el Papa a Javier, un trabajador del Gran Circo Mundial que, con otros 7.000 artistas itinerantes, peregrinaron este fin de semana a Roma. Benedicto XVI les animó a transmitir esperanza a los más jóvenes, «con los valores del Evangelio»

María Martínez López
Un momento de la audiencia del Papa a los artistas, el pasado sábado.

Con 13 años, Javier Almeda comenzó a realizar, siempre que podía, pequeños trabajos en el Gran Circo Mundial, que dirige su tío. Durante décadas, ha ido pasando por casi todas las labores invisibles —publicidad, luces, montaje…—, y ahora lleva la gerencia. Javier ha peregrinado a Roma con otros 7.000 trabajadores del espectáculo itinerante, y tuvo la suerte de saludar, el sábado pasado, al Papa. «Trabajáis con los más jóvenes, y eso es caridad de vida —le dijo el Santo Padre—. Gracias por el trabajo que realizáis».

Durante su discurso, Benedicto XVI explicó que «la alegría de los espectáculos, el gozo recreativo del juego, la gracia de las coreografías, y el ritmo de la música constituyen una vía inmediata de comunicación» que suscita «sentimientos de serenidad, de felicidad y de concordia. Con la variedad de vuestras profesiones y la originalidad de las exhibiciones, sabéis sorprender y suscitar maravilla, ofrecer ocasiones de fiesta y de sana diversión». Con estas palabras —afirma Javier—, el Papa «nos ha dado esperanza». El mundo del circo sufre con dureza la crisis, y «a veces pierdes el norte y te dejas contagiar por el desánimo, que es una psicosis social. Pero él nos ha recordado para qué estamos aquí. No hay mejor profesión que trabajar para los chavales. Después de tantos años, sigo emocionándome al verles reír y gritar con los payasos. Cuando hablas a los artistas de ir a un hospital a ver a los niños, pueden estar exhaustos, pero lo hacen encantados».

Termina la boda…, y a preparar la pista

El Papa se mostró sensible a los problemas del circo, como las trabas burocráticas que encuentran, o la dificultad para practicar la fe. «Los fines de semana tenemos tres sesiones diarias –explica Javier–, e ir a la Eucaristía se complica. Pero intentamos vivir la fe de forma personal. Los artistas se juegan la vida a diario, y pasas mucho tiempo en la carretera, con el riesgo que supone. Así que hay un elemento fuerte de fe y de confianza, de oración. Siempre hay tiempo para una escapada a una iglesia, y en la caravana puedes rezar el Rosario. Jamás he tenido problemas para confesarme o hablar con un sacerdote. Además, tenemos la gran suerte de tener sacerdotes amigos, amantes de nuestro mundo, con los que estamos en contacto y nos asesoran». Son los responsables de la Pastoral de Ferias y Circos de la Conferencia Episcopal. Cuando los artistas piden casarse, o un sacramento para sus hijos, «coordinamos la agenda del circo con la de uno de estos sacerdotes. Ese día, todos madrugamos y compartimos la celebración en la carpa. Luego, recogemos y nos preparamos para recibir al público».

A falta de parroquia, crece la importancia que la familia tiene en la transmisión de la fe y de valores como el amor por la familia, el cuidado de los pequeños, la atención a los discapacitados y enfermos, el aprecio a los ancianos, la acogida y la hospitalidad, la renuncia y el sacrificio, la responsabilidad y la perseverancia, el valor y la generosidad; «virtudes que la sociedad actual no siempre aprecia», les dijo el Santo Padre. Y les pedía que, «mientras prestáis atención a la calidad de los espectáculos, no dejéis de vigilar para que, con los valores del Evangelio, podáis seguir ofreciendo a las jóvenes generaciones la esperanza y el aliciente que necesitan».

Benedicto XVI con Javier Almeda.

Así lo ha vivido siempre el joven italiano David, que explicó al Papa su experiencia: «Vengo de dos familias sencillas, que han trabajado durante generaciones, con amor y pasión, en el espectáculo itinerante. La abuela Guglielmina, que tiene 94 años y todavía hoy reza y vela por nosotros, nos ha transmitido los grandes valores de la vida. Desde pequeños, cuando nos entretenía con cuentos, nos decía: Quien se porta bien, recibe el bien. Hacedlo también a quien no lo merece. Tened fe en la santa providencia y no olvidéis nunca que el sacrificio es lo correcto y apropiado. Mi familia tiene la suerte y el honor de haber mantenido en perfectas condiciones el tío vivo de madera más antiguo que existe, realizado por maestros alemanes en 1792, con incrustaciones a mano; y todavía funciona. Este símbolo de nuestra familia ha ido pasando de generación en generación, y para mí tiene algo muy relacionado con la fe: no se cambia y no se vende… ¡sino que se transmite!».