1 de mayo, por una sociedad con el hombre y la familia como centro

En el día internacional del trabajador, la Delegación de Pastoral del Trabajo recuerda que la Doctrina Social de la Iglesia es el mejor camino para luchar contra las cada vez más numerosas injusticias sociales…

Rosa Cuervas-Mons

En el día internacional del trabajador, la Delegación de Pastoral del Trabajo recuerda que la Doctrina Social de la Iglesia es el mejor camino para luchar contra las cada vez más numerosas injusticias sociales

mayosociedadhombreyfamiliaEs un hecho que casi ninguna familia española ha escapado a las consecuencias de la crisis económica mundial. El VIII Informe Foesa elaborado por Cáritas señala que se ha producido un descenso de la renta media, que ha originado más empobrecimiento en nuestra sociedad. La pobreza severa -vivir con menos de 307 euros al mes- alcanza ya a tres millones de personas, el doble de los que estaban en esta situación antes de la crisis.

Ante esta escenario, la Conferencia Episcopal Española recuerda que la crisis está infundiendo miedo al futuro y, no sólo por el problema del desempleo, sino porque lo que subyace tras él es un cambio del modelo de sociedad y de persona. Ya lo advirtió el Papa Francisco: «Algunos todavía defienden las teorías del derrame, que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad del mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Está opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante».

Por eso, y como reflexión ante el Día Internacional del Trabajador que se celebra el primero de mayo, la Delegación de Pastoral del Trabajo de la Archidiócesis de Madrid, recuerda que «el crecimiento económico, para ser auténtico, debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre: el libre mercado sólo es equitativo si está sometido a exigencias de la justicia social».

«Remedios que son veneno»

En este sentido, y como recordó el Santo Padre en su exhortación apostólica Evangelii gaudium, «la economía no puede recurrir a remedios que son veneno, como cuando se pretende aumentar la rentabilidad reduciendo el mercado laboral y creando así nuevos excluidos». Así, y como dijo el Papa Francisco a los parados de Cerdeña, debemos luchar «para que en el centro de nuestra vida esté el hombre y la familia», y no un modelo económico que coloque en el centro a un ídolo llamado dinero.

Recuerda la Delegación las palabras del Papa emérito, Benedicto XVI, en su Encíclica Caritas in Veritate, sobre la relación existente entre pobreza y precariedad laboral: «Los pobres son, en muchos casos, el resultado de la violación de la dignidad del trabajo humano, bien porque limitas sus posibilidades (desocupación, subocupación), bien porque se devalúan los derechos que fluyen del mismo, especialmente el derecho al justo salario, a la seguridad de la persona de trabajador y de su familia».

Los cristianos deben, por tanto, ponerse del lado de las víctimas y excluidos y levantar la voz ante la pretensión de idolatrar el sistema económico cuando impide la dignificación del ser humano. Así, siguiendo los grandes principios de la Doctrina Social de la Iglesia, se pondrá la primacía del valor ético sobre el capital, de la persona con respecto a ambos y se subrayará el destino universal de los bienes frente al derecho a la propiedad privada y al primacía del ser humano frente a los instrumentos de producción.

La falsa cultura del tener más

También con motivo de la fiesta del 1 de mayo, la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) y la Juventud Obrera Cristiana (JOC) han querido denunciar la cultura «falsa e inhumana del tener más para vivir mejor» y han animado a construir una nueva sociedad de relaciones humanas, sociales, laborales, que sea camino de humanización, de fraternidad y vida de comunión.

«La forma en que se está organizando el trabajo y la sociedad nos deshumaniza, nos impide el desarrollo personal, familiar, social y nos condena a vivir para trabajar, dispuestos a cualquier condición laboral. Se supedita al ser humano y a la familia a esa lógica», denuncian, para ofrecer, igual que la Delegación de Pastoral del Trabajo, la solución que marca la Doctrina Social de la Iglesia.

Rosa Cuervas-Mons