Dios me esperaba en la cárcel - Alfa y Omega

Un interno de la cárcel de Soto me cuentan su testimonio: «Nací hace 52 años en un pequeño pueblo de Argentina, en el seno de una familia de trabajadores. Me bautizaron y nada más. Hasta los 20 años tuve una vida normal: fui a la escuela, a la universidad… A partir de aquí, los aires del mundo y mi ambición me desviaron del camino. Me casé, tuve dos hijos, me separé… Creía que todo lo hacía bien y que era el mundo el que estaba equivocado. Algo estaba fallando, ya que nunca terminaba bien mis tareas y perdía mis trabajos, amigos y familia por apoderarme de cosas ajenas. Y a pesar de perderlo todo seguí la misma ruta, hasta que entré en un callejón sin salida. Un día decidí traer droga a Europa, porque los falsos amigos me propusieron el negocio mostrándome un mundo de fantasía. Pero la cosa no era tan sencilla. Yo no era feliz. Incluso llegó un momento en el que le pedía a Dios que me ayudara a acabar con mi vida.

El día 15 de julio de 2015 me detuvieron en Barajas cargado de droga y me llevaron a Soto del Real. Fue un momento duro, porque me había dado el golpe más fuerte de mi vida, pero hoy doy gracias a Dios porque en ese momento comencé a ver la luz. En pocos días experimenté el amor que Dios me tenía y cómo me invitaba a cambiar las preguntas que me hacía. No tenía que preguntarme por qué, sino para qué.

Empezaron a aparecer en mi vida personas que eran colaboradores de Dios, que me iban ayudando a fraguar el cambio. Me enseñaron a leer la Biblia, donde encontré la base para llevar una vida feliz y en paz. Decidí ir a Misa y me encontré con el padre Paulino, que con sus palabras me ayudó a ver a Dios como un Padre misericordioso que nos quiere y nos perdona. Comencé a orar, a hablar con ese Padre bueno. Ante Él me arrepentí y pedí perdón. Mirándolo aprendí a amar al prójimo, a tender la mano al que me necesita.

Hoy soy una persona nueva, distinta, un hombre de fe que ha comprendido que, si te abandonas en las manos de Dios, Él aparece en tu vida como una sencilla vela que se enciende en medio de la oscuridad».

Paulino Alonso
Capellán de la cárcel de Soto del Real. Madrid