El inicio de curso del Papa viene marcado por el diálogo. A la celebración, el 1 de septiembre, de la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación –una fiesta de origen ortodoxo–, siguió la pasada semana un encuentro interreligioso en el Vaticano centrado en la crisis ecológica. La cita fue prólogo del encuentro de Asís, que conmemorará el martes la primera edición, convocada hace 30 años por san Juan Pablo II. Los próximos viajes de Francisco a Georgia y Azerbaiyán, y el que realizará a Suecia para conmemorar el V centenario de la Reforma protestante se explican también en esa clave. Frente a la lógica del proselitismo, el Papa propone la del encuentro, tanto con las personas de otras religiones como con quienes no creen. Evangelizar –decía esta semana en una homilía en Santa Marta– no significa «llamar a la puerta del vecino y decir: “¡Cristo ha resucitado!”. Es vivir la fe, es hablar con mansedumbre, con amor, sin querer convencer a nadie, sino gratuitamente». Y aludiendo a la pregunta que le hizo un joven en Cracovia sobre qué decirle a un amigo ateo, el Papa recuerda que le respondió que «la última cosa que tienes que hacer es decirle algo. Empieza a hacer y él verá lo que haces y te preguntará. Y cuando te pregunte, tú dile».

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