Estoy a punto de cumplir 55 años, llevo 35 formando parte de la congregación de Hermanas Adoratrices, y vivo agradecida por el don de la vida, compartiendo la cotidianidad del día a día con hermanas, equipos de profesionales, voluntariado y, sobre todo, con mujeres que por distintos motivos han necesitado pasar un tiempo en diversos proyectos en los que he estado. Los primeros años, con jóvenes menores con diversas problemáticas; 13 años en Burgos con mujeres que han estado en contextos de prostitución en los clubes, en pisos, en las calles…, y los últimos ocho años en Madrid, en el Proyecto Esperanza, con mujeres que han sido víctimas de la trata de seres humanos con fines de explotación, mujeres de más de 23 nacionalidades diferentes.

Mucha vida compartida, muchas historias acompañadas descubriendo la riqueza de tantas culturas diferentes. Tanta vida que se me ha regalado y se me sigue ofreciendo como don, de manos de mujeres resilientes, fuertes, valientes capaces de levantarse y salir más fuertes después de haber pasado situaciones de extrema vulnerabilidad, agresividad y dolor.

Experimento que cada una de las mujeres es compañera de camino, maestra de la vida, que juntas recorremos caminos de liberación, cada una el suyo; en la convivencia con ellas soy mucho más consciente de mi ser mujer y del compromiso de seguir trabajando por la equidad de géneros, con ellas mi consagración renueva el sentido de la vida y me sigue lanzando a la misión de la congregación, adoración-liberación. En la convivencia con ellas, la fidelidad de Dios se hace patente.

En estos días en los que la liturgia no cesa de recordarnos que Jesús ha resucitado para que tengamos vida, y vida en abundancia, en estos días en los que leemos en el Evangelio que Jesús se aparece a las mujeres que le acompañaron en el camino, experimento el milagro de la vida y la fuerza de la Resurrección en cada una de las mujeres que comparten la vida con nosotras. Al igual que Jesús «nos muestran sus heridas», ahora atravesadas de esperanza y llenas de futuro.

Ana Almarza
Religiosa adoratriz.
Proyecto Esperanza