Una Iglesia santa y pecadora - Alfa y Omega

Una Iglesia santa y pecadora

Andrés Martínez Esteban

Hay al menos tres razones por las que un católico debería conocer la historia de la Iglesia. La primera, porque nos permite distinguir aquello que en el catolicismo forma parte de la esencia de la fe y, así, es irrenunciable pase el tiempo que pase, y aquello que es circunstancial y, en consecuencia, puede tener una gran importancia en un momento determinado, pero no es esencial al cristianismo y, por tanto, pasa y queda en el olvido. Esto me parece especialmente importante para evitar dos peligros. El primero es pensar que todo tiempo pasado fue mejor; en consecuencia, se vive en una triste añoranza de lo que fue y no volverá. El segundo es despreciar el pasado y buscar constantemente novedades en la forma de entender o vivir la fe, de tal manera que nada es permanente y todo es relativo.

La segunda razón es la necesidad que tenemos los católicos de reconciliarnos con nuestro pasado. Es cierto que a partir de la Ilustración del siglo XVIII se ha construido una leyenda negra que no corresponde con la verdad de lo que sucedió. Ahora bien, esta mixtificación del relato no puede ocultar que la historia del cristianismo está construida a base de claroscuros. Ni es solo y exclusivamente una historia de santidad, ni es solo y exclusivamente una historia de maldad y pecado. Por algo el teólogo suizo Hans Urs von Balthasar habló de la casta meretrix estableciendo una analogía, siguiendo a los padres de la Iglesia, entre la prostituta Rahab y la Iglesia. Y más tarde, no lo olvidemos, Juan Pablo II tuvo el atrevimiento de pedir perdón por los pecados de los hijos de la Iglesia.

Y la tercera razón es que la Iglesia católica es, a pesar de las apariencias y de lo que se la ataca, la única institución que progresa. Sí, la Iglesia, el cristianismo es, desde sus orígenes, es progresista, porque siempre mira al futuro. Los acontecimientos de la historia ponen de manifiesto que el hombre es un ser que vive en el ya, pero todavía no. El actuar del hombre, el progreso de la humanidad y el caminar de la historia se fundamentan en una esperanza que trasciende cada momento concreto. Y la pregunta sobre el sentido último de lo que ha sucedido solo se esclarecerá en el último día, cuando Cristo se haga presente como juez de la historia y en Él sean recapituladas todas las cosas.

A estas razones podemos añadir otras tres por las que el libro de Gonzalo Barbed Martín me parece especialmente interesante. En primer lugar, porque es un libro sencillo, que no simple. Es decir, cuenta lo sucedido insistiendo en aquello que es fundamental y no se pierde en la hojarasca del detalle que no aporta. Sin embargo, no es un libro superficial que caiga en tópicos buenistas o en la crítica fácil. Además, cada capítulo está acompañado de una síntesis en la que recoge los puntos más importantes de los acontecimientos narrados. En segundo lugar, aborda los temas más importantes. El libro está dividido en ocho capítulos y recorre los 21 siglos de historia del cristianismo sin dejar lo más esencial en el tintero. Al final nos da una bibliografía, con lecturas de carácter divulgativo, que permite al lector profundizar en los temas que más le puedan interesar. Y, en tercer lugar, es un libro que está muy bien escrito, lo que permite una lectura ágil y comprensible para cualquier persona.

Una anciana muy joven. Historia de la Iglesia, editado por Palabra, es la historia de lo que somos los católicos, de lo que ha sido y es la Iglesia a lo largo de los siglos, con sus luces y sus sombras. Es una historia de santidad y de pecado. Es la historia de la presencia de Dios en el mundo.

Una anciana muy joven. Historia de la Iglesia
Autor:

Gonzalo Barbed Martín

Editorial:

Palabra

Año de publicación:

2023

Páginas:

184

Precio:

11,90 €