Una historia prodigiosa
Si hay una expresión de fe que deja una profunda huella en la sociedad, ésa es la Jornada Mundial de la Juventud. El cardenal arzobispo de Madrid, don Antonio María Rouco, clausuró, el viernes pasado, el Seminario Sociedad y religión, organizado por la Delegación episcopal de Pastoral Universitaria, de Madrid, y la Universidad Rey Juan Carlos, con una ponencia sobre la JMJ y la sociedad. Ofrecemos sus párrafos esenciales:
Una historia prodigiosa:
La JMJ es una historia prodigiosa. Desde que Juan Pablo II hizo un llamamiento a los jóvenes de todo el mundo para encontrarse con él, la respuesta ha sido increíble, inesperada. En Madrid, el verano pasado, la JMJ alcanza su punto de madurez, con jóvenes de todos los países del mundo, incluidos los más remotos. Fue un encuentro universal, en el que se podía decir: Esto es la Iglesia.
La JMJ ha supuesto el encuentro de una gran familia, por encima de cualquier límite cultural o geográfico. Ha reflejado lo que hay en el fondo del alma de la Humanidad: el anhelo de formar una gran familia, en armonía, belleza y alegría. Y ello ha sido posible porque, por debajo, latía la misma vocación de hijos de Dios. Sólo se puede ser familia diciendo: Dios es nuestro Padre. No nos puede unir otra cosa.
A la JMJ vinieron también muchos jóvenes que no estaban convencidos, y hubo quien vino sólo por curiosidad, pero todos quedaron rendidos y acabaron cambiados.
La palabra del Papa les llega:
El Papa es decisivo para las Jornadas Mundiales de la Juventud. Es el sucesor del apóstol Pedro el que nos convoca a todos. Los jóvenes responden con fe en el Vicario de Cristo, y descubren en él la persona que encarna esa vocación y ese misterio.
Benedicto XVI, cuando era profesor universitario, tenía una gran experiencia en el trato con jóvenes. En la JMJ de Madrid, convocó a los jóvenes de todo el mundo, y ellos le respondieron. Tiene 84 años, pero su palabra les llega. Él presenta a Cristo de un modo que toca el corazón, a cada uno en su situación personal concreta.
Una fiesta de la fe:
La JMJ es una gran fiesta universal y católica de la fe, que se celebró en Madrid porque se trata de una ciudad católica, en el sentido de universal, abierta a todos, y también porque forma parte importante de la Iglesia universal. Fue una fiesta de la fe, un gran don de alegría para todos, y también una ayuda y un hálito de aire fresco, limpio y gozoso para la gente más mayor. Muchos me han dicho que han llorado al ver a todos esos jóvenes profesando la misma fe en Cristo, el Hijo de Dios resucitado.