Un Viaje fuera de los protocolos. Benedicto, hermano; ya eres mexicano
Durante el 23 Viaje internacional, en su encuentro con los periodistas, el Papa aludió a la idolatría del dinero como uno de los grandes temas a enfrentar por los mexicanos, para poder vencer al narcotráfico y a la violencia que ya se ha cobrado 60 mil víctimas en los últimos 5 años y medio, desde que el Presidente Calderón declaró la guerra a los cárteles de la droga que operan en México. Escribe Jaime Septién, director del periódico El Observador
Detrás de la droga, dijo Benedicto XVI, «hay mentira y estafa». Se promete un mundo mejor y lo que se da son sombras de muerte, o la muerte misma. Fiel a su costumbre, Benedicto XVI comenzó punzando en la llaga. En México, un país católico donde los haya, sin embargo, la dimensión pública de los creyentes no es visible. La corrupción campea por sus respetos. La mexicana está entre las 15 economías más desarrolladas del planeta, pero ocupa el lugar 54 entre los países con mayor desequilibrio entre pobres y ricos.
El Papa no dejó lugar a dudas: «América Latina —México adelante— vive una esquizofrenia entre moral individual y moral pública». Contundente: «La Iglesia no es un poder político, sino una realidad de la parte de la libertad».
El Papa Benedicto XVI, a su llegada al aeropuerto internacional del Bajío, no tardó mucho tiempo en describir la naturaleza de su viaje.
A peregrinar y confirmar
«Vengo como peregrino de la fe, la esperanza y la caridad», dijo el Santo Padre a su llegada a México. Nada que ver con las ideas de quienes señalaron que el Papa iba a lanzar un mensaje político. Frente a los millones de mexicanos que se sintieron felices por su visita, 40 ateos, disfrazados de religiosos, protestaron frente a la catedral metropolitana de la Ciudad de México. Por supuesto, con cámaras de televisión…
Dar esperanza al pueblo de México, confirmarlo en la fe, pedirle congruencia a los 99 millones 635 mil católicos que viven en México y en Estados Unidos, es, según el padre Federico Lombardi, director de la Sala de Prensa del Vaticano, la motivación especial del Papa en cuatro días que pueden cambiar el rumbo de violencia y desazón que vive México. Pero, también, puede cambiar, enormemente, el propio rumbo del ministerio de Benedicto XVI, como se dice que México cambió el de Juan Pablo II.
Rezar por los que sufren
Con la alegría en la mirada y en medio de un cansancio evidente, Benedicto XVI tomó un baño de multitud en el Bajío mexicano. Y de la religiosidad popular expresada en el monumento a Cristo Rey que corona el Cerro del Cubilete, «consuelo de los que sufren/ adoración de la gente», según dice el estribillo de la canción-himno de Guanajuato (Estado central del país), compuesta por José Alfredo Jiménez.
A 2.579 metros sobre el nivel del mar, la imagen de Cristo Rey del Universo, de 20 metros de altura y 80 toneladas de peso, abrió los brazos al Papa Benedicto XVI, quien sobrevoló el emblemático monumento, lugar de peregrinaciones y centro de reunión de los antiguos cristeros, descendientes de aquella sangrienta lucha por los derechos de libertad religiosa y culto público que enfrentó a la población, básicamente rural, con el Gobierno entre 1926 y 1929, con un saldo de 250 mil muertos.
A Él, reconoció el Papa, «los mexicanos se acogen a su constante bendición en todas sus vicisitudes». Pero esto no basta. El Papa insistió en el hecho de que se debe hoy mostrar a Dios al mundo, pero con la razón. El catolicismo mexicano, para hacerse cultura, para hacerse valores que se vivan en la cotidianidad, tiene que dar el salto «del corazón, a la razón». Sin excluirse mutuamente. Mutuamente fecundándose.
El Papa dijo que el pueblo de México está constantemente en sus oraciones. Aseguró rezar por los que sufren por la violencia desatada en las calles de varias ciudades del país —no en todas, como en ocasiones se quiere hacer ver en el extranjero—, pero, sobre todo, le pidió a los mexicanos, con san Pablo, que «no se entristezcan como los que no tienen esperanza». Hay mucho camino por andar.
Y ese camino, en la Iglesia, corresponde a la Misión Continental, lanzada por el documento de Aparecida (Brasil, 2007), y que pretende que México y América Latina, vuelvan al camino del Evangelio. En un párrafo fundamental, en la conferencia de prensa durante el vuelo, el Papa dijo: «Creo que es muy importante anunciar que Dios corresponde a nuestra razón. (…) Por otra parte, hay que tener en cuenta la realidad concreta. En América Latina, generalmente, se debe considerar que el cristianismo no ha sido tanto algo ligado a la razón como al corazón. (…) Ahora bien, esta intuición del corazón debe ligarse con la racionalidad de la fe y con la profundidad de la fe que va más allá de la razón. No tenemos que perder el corazón, sino unir corazón y razón (…), sólo así, el ser humano es completo».
Mis pequeños amigos
En Guanajuato, ciudad patrimonio cultural de la Humanidad, el Papa se encontró con una ruidosa sorpresa: niños que lo elevaron a la altura de la emoción que provoca el llanto. Cientos de niños ofrecieron un espectáculo de paz y de palomas que debió calar hondo en el corazón del anciano Pontífice. Les llamó «mis pequeños amigos», y luego les dijo que él los recordaría siempre en sus oraciones, y que ellos hicieran lo mismo con el Papa.
Al día siguiente, fue el acto multitudinario, la Misa en el parque Querétaro Bicentenario, a los pies de la montaña que corona Cristo Rey. Benedicto XVI prometió rezar por México, por los que sufren. Antes, en el recorrido del papamóvil por todas las carreteras del interior del parque (640 mil almas le jaleaban), se puso un gran sombrero de charro. Y lo mantuvo en su cabeza por mucho tiempo, echándose al bolsillo al pueblo de México.
Fue el viaje de la ruptura de los protocolos. Viajó con las ventanillas abiertas, cogió niños al paso del convoy, dos veces se puso sombrero de charro, aceptó salir después de cenar para oír al mariachi en el Colegio Miraflores, donde se quedó a dormir, acabó antes las ceremonias y les puso el listón muy alto a los obispos de Latinoamérica: no es justo que no confíen en el trabajo de los laicos.
Fue un viaje fuera del script. No fue a Distrito Federal, no quiso aceptar cenas de gala ni zarandajas. Sabe que tiene a un pueblo maravilloso entre sus manos, y sabe que al Papa le corresponde confirmar en la fe a la gente.
Viaje pastoral que muchos quisieron convertir en político. No pudieron. El Papa fue más tozudo que ellos. Y no les dio pauta. Lo que sí dio pauta es que a coro le corearan por donde iba pasando: «Benedicto, hermano; ya eres mexicano».