Un recuerdo agradecido - Alfa y Omega

Si «veinte años no es nada», como cantaba Carlos Gardel, diez son solo una página en el Quijote. Pero, ¡menuda página!

Creo que expreso una experiencia universal de los que trabajamos en la JMJ 2011 si digo que la primera palabra que viene a los labios es gracias. Dimos mucho –todo lo que pudimos–, pero recibimos infinitamente más. Vimos la acción de Dios en muchos momentos, ganamos amigos de por vida, aprendimos muchas cosas que quizá nunca aplicaremos de nuevo… Ciertamente nos cambió.

Mi abuela decía que el secreto de la felicidad era una buena salud y una mala memoria. ¡Me apunto claramente a lo segundo! Los diez años transcurridos desde la venida del Papa a Madrid no han borrado ninguno de los buenos momentos, y casi todos los demás. Pero problemas, hubo, y errores no pocos. El aniversario es buen momento para entonar un perdón sincero a los que sufrieron las consecuencias de nuestra impericia: peregrinos abandonados a su suerte, voluntarios desatendidos, madrileños inundados por la marea humana, etc.

Desde el punto de vista espiritual –el que cuenta, en un evento eclesial–, es indudable que la JMJ fue una lluvia de gracia. Benedicto le llamó «cascada de luz» para los jóvenes que participaron y para toda la ciudad. Dios puso todo de su parte, y muchos frutos de vocaciones cristianas nacieron aquí. Tendríamos que preguntarnos también si no podríamos haber hecho más, a lo largo de estos diez años, para que el fruto hubiera sido más duradero y abundante. Seguro que nos quedamos cortos, que no tuvimos toda la fe que hacía falta. Nunca se está a la altura del Espíritu Santo, pero sin duda podríamos haber hecho más.

La ventaja de trabajar en la viña del Señor es que siempre hay otra oportunidad. Por eso, ojalá este aniversario nos impulse a todos a mirar al futuro con esperanza. Tenemos por delante la JMJ de Lisboa, que está a un tiro de piedra. Una buena excusa para remover las aguas de la juventud de hoy, repetirles el mensaje de la JMJ de Madrid, «ven y verás», y acudir a la ayuda del Señor para que escriba una nueva página llena de alegría en el libro de la historia.

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