Un pueblo en oración - Alfa y Omega

Un pueblo en oración

Las disposiciones que Juan Pablo II escribió para la celebración del Cónclave no sólo afectan a los cardenales electores, sino que ofrecen indicaciones para cada uno de los mil millones de católicos del mundo. Durante la Sede vacante, y sobre todo mientras se desarrolla la elección del sucesor de Pedro, la Constitución apostólica Universi Dominici gregis establece que toda la Iglesia se una «de modo particular con los pastores, y especialmente con los cardenales electores del Sumo Pontífice», y pida «a Dios un nuevo Papa como don de su bondad y Providencia. De esta manera, la elección del nuevo Pontífice no será un hecho aislado del pueblo de Dios que atañe sólo al Colegio de los electores, sino que, en cierto sentido, será una acción de toda la Iglesia»

Colaborador

Las disposiciones que Juan Pablo II escribió para la celebración del Cónclave no sólo afectan a los cardenales electores, sino que ofrecen indicaciones para cada uno de los mil millones de católicos del mundo. Durante la Sede vacante, y sobre todo mientras se desarrolla la elección del sucesor de Pedro, la Constitución apostólica Universi Dominici gregis establece que toda la Iglesia se una «de modo particular con los pastores, y especialmente con los cardenales electores del Sumo Pontífice», y pida «a Dios un nuevo Papa como don de su bondad y Providencia. De esta manera, la elección del nuevo Pontífice no será un hecho aislado del pueblo de Dios que atañe sólo al Colegio de los electores, sino que, en cierto sentido, será una acción de toda la Iglesia»

Juan Pablo II estableció «que en todas las ciudades y en otras poblaciones, al menos las más importantes, conocida la noticia de la vacante de la Sede Apostólica, y, de modo particular, de la muerte del Pontífice, después de la celebración de solemnes exequias por él, se eleven humildes e insistentes oraciones al Señor para que ilumine a los electores y los haga tan concordes en su cometido que se alcance una pronta, unánime y fructuosa elección, como requiere la salvación de las almas y el bien de todo el pueblo de Dios».

En particular, la normativa prevé que los cardenales que, por haber cumplido los 80 años, no gozan ya del derecho a participar en la elección del Sumo Pontífice, se pongan «al frente del pueblo de Dios, congregado particularmente en las basílicas patriarcales de la ciudad de Roma y también en los lugares de culto de las otras Iglesias particulares, para que con la oración asidua e intensa, sobre todo mientras se desarrolla la elección, se alcance del Dios Omnipotente la asistencia y la luz del Espíritu Santo necesarias para los hermanos electores, participando así eficaz y realmente en la ardua misión de proveer a la Iglesia universal de su Pastor».

La petición de Juan Pablo II a su sucesor

Juan Pablo II ha dejado una petición personalísima a su sucesor, formalizada en la constitución apostólica Universi Dominici gregis, que establece las normas del Cónclave. Al que sea elegido por los cardenales electores, el Papa Karol Wojtyla le pidió «que no renuncie al ministerio al que es llamado por temor a su carga, sino que se someta humildemente al designio de la voluntad divina». Y aclara: «En efecto, Dios, al imponerle esta carga, lo sostendrá con su mano para que pueda llevarla; al conferirle un encargo tan gravoso, le dará también la ayuda para desempeñarlo y, al darle la dignidad, le concederá la fuerza para que no desfallezca bajo el peso del ministerio».