Un joven que se había intentado quitar la vida marcó el paso de Pepe Álvarez por la universidad

Un joven que se había intentado quitar la vida marcó el paso de Pepe Álvarez por la universidad

María Ángeles Benito, colaboradora de José Antonio Álvarez cuando era capellán en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica, destaca su interés por el diálogo con la cultura y su apoyo a las vocaciones

María Martínez López
Álvarez con jóvenes alrededor de una mesa durante una convivencia de pastoral.
Álvarez durante una convivencia con jóvenes de pastoral. Foto cedida por María Ángeles Benito.

Era septiembre del año 2000 cuando María Ángeles Benito pasó por el despacho de pastoral de la Escuela Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid. Ya había terminado la carrera pero estaba haciendo el doctorado, y quería saludar al capellán. Se encontró a un sacerdote muy joven —se había ordenado solo unos meses antes— y un poco desorientado.

Era José Antonio Álvarez, Pepe, luego obispo auxiliar de Madrid y fallecido el 1 de octubre. Apenas llevaba un par de días en la escuela. «Me dijo: “Soy el sacerdote nuevo. ¿Qué soléis hacer aquí?”». Benito le comentó que «ya teníamos un grupo bastante potente», que trabajaba a tres niveles: atención pastoral, diálogo fe-cultura y campos de trabajo.

Un momento de descanso durante los campos de trabajo
Un momento de descanso durante los campos de trabajo. Foto cedida por María Ángeles Benito.

El capellán lo asumió todo. «Destacaría de él, además de su alegría, su espíritu de colaboración con lo existente, que me parece de mucha humildad». Del mismo modo, «acogía y apoyaba las ideas y planes de los demás», narra Benito, que es cruzada de Santa María y pronto comenzó a colaborar con él.

El peso de los estudios

Poco después, una visita le «marcó muchísimo. En la universidad, la labor del capellán es sobre todo estar en el despacho, ya que muchas veces pasa gente». En concreto, le impactó «un chico que había intentado quitarse la vida e iba a pedir ayuda.

Ya había acabado la carrera, le faltaba solo el trabajo final, que se enquistaba mucho» y hacía que algunas personas «entraran en depresión». Su historia hizo que el capellán se diera cuenta de que «su misión en Arquitectura era animar a las personas, no quedarse solo en la gente que iba al despacho sino en promover actividades» para llegar a otros.

El obispo auxiliar presidió hace unos meses las confirmaciones de universitarios.

Y lo hizo «desde un espíritu muy universitario. Era consciente de que esto no era una parroquia y supo llevar fenomenal el tema de fe y cultura», aplaude la cruzada. Así, por ejemplo, en 2002 organizaron conferencias por los 150 años del nacimiento de Antonio Gaudí.

También montaron una exposición sobre el entonces beato Rafael Arnaizcanonizado en 2009—, «que había estudiado en nuestra escuela antes de entrar en la Trapa». En contacto con su familia, «recopilamos varios cuadros suyos».

Apoyo a las vocaciones

En el ámbito más pastoral, además de celebrar Misa y confesar el joven capellán organizaba retiros y preparó a algunos jóvenes para confirmarse. Ello sin olvidarse de los profesores. «Tenían un grupo donde leían la encíclica de Juan Pablo II para el nuevo milenio».

Con los estudiantes durante uno de los campos de trabajo
Con los estudiantes durante uno de los campos de trabajo. Foto cedida por María Ángeles Benito.

Ya entonces, Álvarez tenía una particular sensibilidad por el «cultivo de las vocaciones». En este sentido, Benito relata que «ahora mismo recuerdo al menos dos chicas que entraron de religiosas, una en las clarisas de Lerma y otra en las carmelitas descalzas de la Aldehuela, y un chico que se fue al seminario. No sería solo por Pepe, estos chicos tendrían sus parroquias o realidades; pero él los apoyó mucho». Del mismo modo, organizó alguna «mesa redonda de vocaciones» con testimonios.

En cuanto a los campos de trabajo, se centraban en la restauración de templos. «Arreglamos una ermita pintando el techo, las vigas y los bancos». Pero, además del servicio, «era también un momento de convivencia, con oración y Misa todos los días».