Un año para recibir el perdón y mirar a María

La Santa Sede concede a la catedral de la Almudena un Año Jubilar Mariano por el 25 aniversario de la dedicación del templo

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
La catedral durante el último de los grandes actos diocesanos, la conclusión del Plan de Evangelización, el sábado. Foto: Archimadrid/José Luis Bonaño

Hace ahora 25 años, el 15 de junio de 1993, san Juan Pablo II vino a Madrid para dedicar la catedral de Santa María la Real de la Almudena. Un cuarto de siglo después, con motivo de su 25 aniversario, la Santa Sede ha concedido a la catedral un Año Jubilar Mariano, que lleva por lema Con María, discípulos misioneros de Jesucristo y que comienza este viernes, 15 de junio.

Los actos conmemorativos arrancan el mismo viernes a las 19:00 horas, con una Eucaristía de acción de gracias y de apertura del Año Jubilar. A lo largo del año, los fieles que peregrinen a la catedral podrán ganar la indulgencia plenaria, y el Cabildo de la catedral y la Vicaría de Evangelización han preparado numerosas actividades, encuentros, catequesis del cardenal arzobispo y conciertos que irán teniendo lugar durante los próximos meses.

Cómo ganar la indulgencia

Aquellos que deseen obtener la indulgencia plenaria que se concede con motivo de este Año Jubilar Mariano, lo podrán hacer con las siguientes condiciones: verdadero arrepentimiento y rechazo de cualquier pecado, confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Papa, además de una peregrinación a la catedral de la Almudena durante el periodo jubilar, de dos posibles modos: asistiendo con devoción a las celebraciones jubilares previstas, o dedicando un tiempo conveniente en su interior a la oración, concluyendo con el padrenuestro, el credo y una oración a la Virgen María.

Los ancianos, enfermos y quienes por causa grave no puedan salir de su casa pueden obtener la indulgencia plenaria sin visitar la catedral, siempre y cuando rechacen cualquier pecado, oren por las intenciones del Papa y tengan la intención de confesarse y comulgar lo antes posible, y se unan espiritualmente a las celebraciones jubilares ofreciendo sus dolores y sufrimientos al Señor.

Un templo para todos

El actual delegado de Actos Institucionales y colaborador de Alfa y Omega, Jesús Junquera, era uno de los ceremonieros que participaron en aquella Eucaristía que presidió Juan Pablo II. Hoy recuerda que «Madrid necesitaba una catedral para que todos los madrileños pudieran sentirse acogidos y para que todos los fieles pudieran tener un lugar para celebrar juntos la fe, y creo que ese es un objetivo que ya hemos conseguido. Todo Madrid ya sabe que hay una catedral que acoge a todo el mundo, también a los no creyentes, y en la que día a día se vive y se hace presente la fe de la Iglesia».

Aquel templo que hace 25 años estrenaba su liturgia en Madrid, se ha visto enriquecido durante los años siguientes con numerosas incorporaciones y novedades, como las tres salas de mosaicos de Marko Rupnik, las pinturas de Kiko Argüello en la girola, el museo diocesano, o las capillas laterales en las que las diferentes realidades de Iglesia con arraigo en Madrid han dejado su huella.

Juan Pablo II a la entrada de la catedral, aquel 15 de junio de 1993. Foto: ABC

La presencia de la Virgen

Pero, sin duda, la presencia más significativa es la de la Virgen María en su advocación de la Almudena, a la que está consagrado este Año Mariano. «Este va a ser un año no solo para dar gracias por el aniversario de la dedicación de la catedral, sino también para celebrar la presencia activa de la Virgen en la vida de la Iglesia diocesana», explica Ángel Castaño, profesor de Mariología de la Universidad San Dámaso.

Por este motivo, este jubileo va a ser también «un tiempo de gracia para toda la Iglesia en Madrid, un tiempo para mirar a la Virgen María, la más cercana al Señor y a la vez la más cercana a cada uno de sus fieles». En este tiempo «se trata de centrar los ojos en la Virgen María para escuchar sus palabras: “Haced lo que Él os diga”; para reconocer su presencia maternal y misericordiosa en la vida de la Iglesia y su acción constante; para unirnos a su oración de intercesión por todo el mundo y para imitarla en el seguimiento del Señor, pues ella es modelo de vida creyente, orante y misericordiosa para la Iglesia y todos los fieles».

De este modo, las numerosas actividades que van a tener lugar este año tendrán «la finalidad de formar la mente y el corazón para un mayor compromiso de fe en las circunstancias actuales que atraviesa nuestra diócesis», explica Ángel Castaño.

J. L. V. D.-M. / Infomadrid

110 años de obras

Aunque las obras de la catedral de la Almudena se concluyeron hace tan solo 25 años, los orígenes del templo dedicado a la patrona de Madrid se remontan prácticamente hasta el siglo VII, a una primitiva iglesia que durante muchos siglos fue la más antigua de Madrid y que acabaría derruida tras los planes urbanísticos gestados en la capital al calor de la Revolución de 1868.

A finales de ese mismo año, la Congregación de Esclavos de la Virgen de la Almudena solicitó permiso para construir otra iglesia dedicada a la actual patrona de Madrid, y los reyes se comprometieron a ceder parte de los terrenos que estaban frente al Palacio Real para ese nuevo templo, con un proyecto del marqués de Cubas. El fallecimiento repentino de la reina animó al rey Alfonso XII a una rápida construcción pues el nuevo templo, que ya había comenzado como parroquia, sería también lugar de enterramiento de María de las Mercedes.

Así, el 4 de abril de 1883, el rey Alfonso XII colocó la primera piedra de la futura iglesia, que pasó a ser catedral cuando en 1885 Madrid fue erigida en diócesis por el Papa León XIII.

La cripta se finalizó en 1911, pero las obras del resto del templo avanzaban muy lentamente, hasta que en 1944 se encargó un nuevo proyecto a Fernando Chueca y Carlos Sidro. Después de nuevos intentos y demoras, el cardenal Ángel Suquía decidió crear un patronato para la finalización del templo, en el que figuraban el Ayuntamiento de Madrid, la Comunidad Autónoma, Caja Madrid, la Cámara de Comercio, la Asociación de la Prensa y varias personalidades significativas en la vida de la ciudad. Las obras se reanudaron y finalmente, el 15 de junio de 1993, Juan Pablo II vino a Madrid para dedicar y consagrar una catedral que había tardado 110 años en construirse. A lo largo de los años siguientes se han ido sucediendo mejoras y se han completado estancias que han dado a la catedral su imagen actual.