Tendido cero. La crónica de las tardes de soledad - Alfa y Omega

Tendido cero. La crónica de las tardes de soledad

Isidro Catela
El torero Rafael de Julia en el programa del pasado 24 de enero.
El torero Rafael de Julia en el programa del pasado 24 de enero. Foto: RTVE.

Ahora que Albert Serra ha vuelto a poner patas arriba la plaza patria con su película Tardes de soledad, y a modo de homenaje al gran Miguel Ángel Mocholi, una de las caras veteranas del periodismo taurino en España, hablemos de toros, de los toros en la televisión pública.

Seguro que muchos, por indiferentes o antitaurinos que sean, saben lo que es Tendido cero. Es normal porque, en buena parte, es eso que llamaríamos «marca TVE». Encajonado en un horario terrible, en el mediodía de los sábados en La 2, Tendido cero forma parte, a día de hoy, de la programación cultural de Televisión Española, con el aviso en la web de que es un programa no recomendable para menores de 12 años. Estrenado el 4 de abril de 1986, es uno de los espacios más veteranos de TVE y una referencia de la información taurina en todo el mundo. Hay crónica semanal de lo que pasa en las plazas, pero hay mucho más que eso porque, junto a la información, hay también opinión, reportajes, incursiones en el campo bravo para hablar de toros, ganaderos y ganaderías e imágenes del archivo de Televisión Española para recordar que cualquier tiempo pasado fue pasado, y no pocas veces pasado glorioso.

Dirigido y presentado en la actualidad por Belén Plaza, Tendido cero es, lógicamente, uno de esos programas considerados de nicho, para amantes de la fiesta nacional, que lo buscan en la emisión convencional y en rtve.es; aquí y allende los mares, porque es también santo y seña del Canal Internacional.

Habrá quien piense que a nuestro tiempo le define tener en la televisión pública un programa así. Cancelarían, al menos en esto, a Picasso o a Lorca, sin ir más lejos. Yo, sin ser particularmente taurino, soy de los que piensan que lo que nos define es, más bien, hacer una tragedia de todo menos de aquello que es una verdadera tragedia.