Te cambia la vida

Varias personas transformadas tras su paso por Taizé me sacaron de mi error: la clave no es Taizé sino el encuentro con Dios

Colaborador
Foto: Daniel Silliman

Un pequeño pueblo en lo alto de una colina, en medio de Francia. Un lugar al que, aún hoy en día, no es del todo fácil llegar. Es necesario un largo viaje en carretera o bien enlazar varios medios de transporte hasta alcanzar Taizé. Sin embargo, año tras año, semana tras semana, acuden miles de personas –en su mayoría jóvenes entre 16 y 30 años– para invertir unos días de sus vacaciones.

Aunque ya había estado allí en varias ocasiones, este verano emprendí el viaje con un objetivo distinto: responder a la pregunta de si Taizé realmente cambia la vida de las personas, descubrir qué sucede en este lugar tan especial.

Tuve el privilegio de realizar varias entrevistas en profundidad que ahora han visto la luz en forma de libro. Durante mi estancia pude conversar con el hermano Charles-Eugène, uno de los miembros más antiguos de la comunidad y quien fuera secretario personal del hermano Roger. También pude hablar con el actual prior, el hermano Alois. Y, junto a ellos, se abrió toda una diversidad de voces, desde voluntarios y voluntarias de larga duración, hasta personas adultas que ayudan a la comunidad en labores como la acogida de personas refugiadas. Además, pude conocer a la hermana Lorella, religiosa de San Andrés, una congregación católica que cuenta con una comunidad a un kilómetro de Taizé y que colabora activamente con los hermanos.

De la mano de estas personas fui descubriendo la importancia del silencio, del cambio de ritmo en contraste con nuestras vidas cotidianas, tan agitadas. También la oración con cantos repetitivos en diversos idiomas y breves textos bíblicos o meditaciones que ayudan a rezar de manera muy sencilla, pero muy profunda. La austeridad, la naturaleza, la convivencia y la reflexión fueron fundamentales.

Me encontré con personas transformadas tras su paso por Taizé, bien en forma de vocaciones religiosas o bien como seglares, comprometidos en labores de pastoral o de solidaridad, desde sus familias y sus profesiones. Uno por uno fui repitiéndoles la misma pregunta: «¿Taizé cambia la vida de la gente?». Y me fueron dando la misma respuesta: No. Así de claro.

Me sacaron pronto de mi error: no es Taizé quien provoca esta transformación. Quien verdaderamente cambia la vida de las personas es Dios, el encuentro con Él en lo alto de una colina en la Borgoña.

Cristina Ruiz
Autora de Vidas tocadas por Taizé (San Pablo)