Su padre no le dejaba salir por la zona y hoy es el párroco del barrio - Alfa y Omega

Su padre no le dejaba salir por la zona y hoy es el párroco del barrio

Los madrileños bajos de Aurrerá eran un lugar conflictivo hace décadas. Hoy San Ricardo ofrece aquí abundantes Misas y confesiones, y regalos para niños de Cáritas

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Exterior de la iglesia de San Ricardo
«La gente que sale por aquí es muy respetuosa», dice el párroco. Foto: Parroquia San Ricardo.

Al padre de Pedro Álvarez no le gustaba nada que su hijo saliera de marcha por los bajos de Aurrerá, una zona problemática de Madrid en los años 80. «¿No habréis ido a Aurrerá, verdad?», le decía a su hijo cuando volvía a casa por la noche. Lo que ambos nunca se habrían podido imaginar es que, años después, Pedro sería el párroco de la iglesia de San Ricardo, ubicada en el mismo lugar donde tenía vetado divertirse de joven. 

Situada en el barrio de Argüelles, hoy las cosas han cambiado mucho. Aunque los locales que rodean a la parroquia siguen siendo bares de copas y discotecas, la zona ya no tiene la etiqueta que la acompañaba en esos años. «Nos llevamos muy bien con los dueños de los negocios de alrededor y la gente en general es muy respetuosa», asegura Álvarez. De hecho, «los fieles que vienen a la Adoración Nocturna se cruzan con los clientes de los locales y no hay ningún problema», añade. 

San Ricardo es una de las comunidades filiales de Nuestra Señora de los Dolores, que dio origen a varios templos después de la Guerra Civil. Al principio fue la capilla del antiguo Hospital de Convalecientes, hoy ya desaparecido en favor del edificio de viviendas que se alza sobre ella. Finalmente, se erigió como parroquia en 1965.

La feligresía habitual «es un encanto», dice el párroco. Abunda la clase media, «con muchos mayores pero también familias; y muchos estudiantes de otras provincias que vienen a estudiar a Madrid». Eso hace que las Misas de diario y las dominicales se llenen, llegando a las 1.400 personas cada fin de semana. Álvarez destaca la de niños, «la Misa estrella». Cuenta, asimismo, que durante toda la semana son muchos los que se acercan al sacramento de la Confesión, «muchos de ellos jóvenes. A veces los curas no damos abasto», exclama.

San Ricardo expone estos días una Pasión en figuras para contemplar y rezar.

San Ricardo expone estos días una Pasión en figuras para contemplar y rezar. Foto: Parroquia San Ricardo.

En cuanto a los grupos que pasan por la iglesia, «somos muy clásicos», dice Álvarez: Vida Ascendente, Legión de María, Apostolado de la Oración y Adoración Nocturna conviven con otras realidades como la oración de alabanza, dos catecumenados para trabajar con las lecturas dominicales, ejercicios espirituales o retiros. Para completar la formación, una vez al trimestre hay una conferencia sobre los temas más dispares. Además, se organiza una peregrinación trimestral para toda la comunidad: «Nos hemos recorrido ya toda España», ríe el sacerdote. 

Aunque el barrio es uno de los más valorados de la capital, en la zona también viven personas con necesidad, la mayoría latinoamericanos buscándose la vida para sobrevivir. A ellos sobre todo está dedicada la labor de Cáritas, que San Ricardo complementa organizando clases de refuerzo escolar para los niños de las familias usuarias del servicio. 

Cada Navidad, les dicen a los críos que escriban una carta a los Reyes Magos pidiéndoles un juguete. Luego ponen esas cartas en un árbol de Navidad a la entrada del templo, y de ahí los feligreses se las llevan a casa de manera voluntaria para asegurarse de que los pequeños tendrán su regalo días después. También colocan ahí muchas cartas llegadas de la parroquia de la Resurrección del Señor, en Carabanchel, situada en una zona más desfavorecida. «Todo es muy anónimo —cuenta el párroco—, y la gente está encantada de participar. Lo impresionante es que nunca un niño se ha quedado sin recibir su regalo».