Sigue la lucha por la libertad religiosa en Estados Unidos. Los inmigrantes, ¿punto de encuentro?
Los resultados de las elecciones norteamericanas han sido nefastos para la jerarquía católica. A la reelección del presidente Obama, con una agenda de fuerte contenido ideológico, se suman las primeras victorias en referéndum, tras 32 intentos fallidos, del llamado matrimonio homosexual. Entre la Administración y los obispos, sin embargo, se perfila un nuevo ámbito de colaboración: los inmigrantes
Las elecciones no han estado en la agenda oficial, pero seguramente sí en muchas conversaciones, en la Asamblea Plenaria de los obispos norteamericanos que hoy concluye. La reelección de Obama deja las espadas en alto en la batalla por la libertad religiosa que sostiene la Iglesia. El episcopado acaba de lanzar una página web para promover y coordinar acciones en defensa de esta libertad, amenazada, entre otras medidas, por la reforma sanitaria, que obliga a contratar pólizas con coberturas tales como fármacos abortivos; por leyes estatales, como la de Alabama, que criminaliza la atención a inmigrantes sin papeles, o por intentos, como el del Estado de Connecticut, de imponer a la Iglesia y a otras confesiones una determinada estructura y forma de gobierno. En su felicitación al presidente, el cardenal Dolan, arzobispo de Nueva York y presidente del episcopado, le advierte de que «continuaremos defendiendo la vida, el matrimonio y nuestra primera y más preciada libertad, la libertad religiosa».
Especialmente malas noticias son las primeras derrotas en referendos sobre el matrimonio homosexual, en Maine, Maryland y Washington. En Minnesota, los votantes no respaldaron el blindaje constitucional del matrimonio como unión hombre-mujer. En todos estos Estados, el voto pro familia ha sido superior al del candidato republicano, Mitt Romney, que no ha logrado movilizar el voto conservador, mientras que Obama sí lo ha hecho con el progresista. También prosperaron dos referendos para la legalización de la marihuana, muestra de la deriva cultural en Estados Unidos. En California, se mantuvo la pena de muerte, y en Florida, se rechazó prohibir la financiación pública de abortos. El único consuelo fue el rechazo al suicidio asistido en Massachusetts.
Asunto incómodo para los obispos es el respaldo del electorado católico a Obama, aunque por ajustadísimo margen, pese a todas las advertencias. Pero tampoco se le puede calificar de voto disidente contra la jerarquía. La ventaja procede del masivo apoyo de los católicos hispanos, motivado por la inmigración y las políticas sociales.
Ahí, precisamente, se perfila un punto de encuentro con la Administración. Obama debe sacar adelante la reforma migratoria que no logró aprobar en su primer mandato, pero el Congreso está en manos republicanas. Sería importante para él el apoyo de los obispos, cooperación que podría facilitar un acuerdo en torno a la reforma sanitaria, antes de su implantación completa, en 2014. Así lo cree el antiguo embajador ante la Santa Sede Thomas Melady, que ha apoyado a Romney: «No creo que el Presidente sea anticatólico, pero no comprende el papel histórico de la Iglesia en nuestra sociedad», afirma. Tal vez, la importancia de los votos hispanos para las legislativas de 2014, que condicionarán el éxito de su segundo mandato, consigan rellenar ese vacío.