¿Ser soltero es una vocación? - Alfa y Omega

Habitualmente, cuando se habla de vocación se piensa en la vida consagrada o sacerdotal, o como mucho en el compromiso matrimonial. Pero, ¿y los solteros? ¿Dios llama a alguien a seguirle de una manera especial sin tener que consagrase ni casarse? ¿Cuál es el lugar en la Iglesia para ellos?

«Los solteros parecen estar en tierra de nadie», afirma María Álvarez de las Asturias, experta en pastoral familiar y directora del gabinete Coincidir, quien habitualmente se encuentra «con muchas mujeres, y con hombres también, que sufren porque ya tienen una cierta edad y no ven cumplido su deseo de casarse y de fundar una familia, y que afirman no tener vocación a otro estado de vida».

A estas personas les suele acompañar la soledad, «tanto en la familia como en su círculo de amigos, porque los que tienen alrededor se van casando y no es fácil conservar esta amistad, ya que son vidas muy distintas». Los solteros maduros «suelen ser muy valiosos, buenos, incluso agradables físicamente, y trabajadores competentes. ¿Cómo es posible entonces que nadie vea que son una joya?».

Para María Álvarez de las Asturias, se trata de «una soledad tremenda, que se acrecienta todavía más en la Iglesia, porque por edad ya no encajan en el grupo de jóvenes, pero tampoco en los grupos de matrimonios». ¿Dónde encajan entonces? «En ningún sitio, porque no hay en la Iglesia ningún grupo que acompañe la soledad de una llamada que no acaba de cumplirse», responde.

A veces sucede que personas bienintencionadas e incluso sacerdotes les sugieren la posibilidad de la vocación al sacerdocio o a la vida consagrada, «pero es un discernimiento que muchos han realizado y han visto que Dios no les llama por ahí», confirma Álvarez de las Asturias. «Muchos tienen ya un largo recorrido vital y un nivel alto de vida espiritual, y saben que el deseo que Dios ha puesto en su corazón es el de formar una familia. Sufren mucho al preguntarse: “Señor, ¿por qué has puesto en mí este deseo y luego no puedo llevarlo a cabo?»».

Un atisbo de respuesta lo da Dominique de Monléon Cabaret, en su libro Dieu ne m’a pas oublié. Perspectives pour les célibataires (Dios no me ha olvidado. Perspectivas para los solteros), de momento únicamente disponible en francés. La autora afirma que estas personas «son pobres porque solo tienen su confianza en Dios. Solo pueden tener fe en que Dios dará cumplimiento a su deseo aunque no sepan cómo. Confían en Él aunque de momento no puedan ver cómo va a responder», responde María.

«Los católicos solteros no existimos»

«Yo no creo que exista la vocación a ser soltero», afirma decididamente un joven soltero de más de 40 años que, harto de la situación de personas como él, se lanzó a organizar un foro de encuentro y actividades compartidas para solteros en su ciudad.

«Este es un problema muy serio para la Iglesia. Nos apuntamos a convivencias o peregrinaciones y te dicen que el límite son 35 años. ¿Y qué pasa con los que tenemos más? Ya no existimos. Los católicos solteros no existimos», lamenta.

«“Tú reza”, te dicen, “las cosas no hay que forzarlas”. Y es verdad, pero tienes que hacer algo. Igual que nos dedicamos a los necesitados o a los descartados, no sé por qué no se atiende esta situación. Si no hay iglesias domésticas, no habrá después vocaciones, o la gente se cansará y acabará casándose con personas que no comparten ni su fe ni sus principios», explica.

Por eso es de la opinión de que se deben organizar foros de encuentro: «antes estaban los bailes del pueblo, porque las comunidades eran más reducidas, pero eso ya no pasa. En la Iglesia hay mucha gente muy maja y es una pena que no se puedan conocer. No hay que forzar nada, pero sí hay que hacer algo para que los solteros nos podamos encontrar».

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo


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