Estos días me encuentro en Etiopía reunida con algunas de mis hermanas. Somos misioneras en Egipto, Sudán, Etiopía, Eritrea, Medio Oriente y Sri Lanka. Hemos estado evaluando, soñando y planificando juntas cómo debe ser nuestra presencia en contextos donde los cristianos somos minoría. Además, hemos compartido el gozo y la esperanza de vivir un segundo Adviento, ya que aquí se sigue el calendario juliano, no el gregoriano, y la Navidad en vez del 25 de diciembre se celebra el 7 de enero.

Exponiendo las diversas realidades  y experiencias de nuestros países de misión nos hemos dado cuenta de que no es sencillo ser católico en contextos de mayoría musulmana, hebrea, ortodoxa, budista o hindú. Tampoco lo es testimoniar el Reino de Dios en lugares donde hay brotes de violencia (como en Etiopía y Sudán en el último año) o falta absoluta de libertad (Eritrea sufre desde hace años un cruel régimen dictatorial). A veces, es incluso complejo profundizar la vocación misionera de todo bautizado en iglesias que tienden a cerrarse sobre sí mismas. Pero todos estos desafíos, reales y presentes, nos alientan a seguir trabajando por el Reino de Dios y su justicia.

En las sociedades fragmentadas en las que vivimos, los misioneros, junto al clero local y a toda la comunidad cristiana, estamos llamados a ser semillas de paz y puentes entre los pueblos. Reconocer, no temer y dialogar con quien es diverso, dentro y fuera de la iglesia, nos enriquece. Nos hace más humanos y más hermanos. Y ser minoría nos ayuda a vivir la fe de forma más humilde y más coherente.

Esta semana se ha celebrado  la solemnidad de la Epifanía del Señor. La venida de sus Majestades los Reyes Magos llena los hogares españoles de ilusión, de esperanza, de alegría y de regalos para los más pequeños. Pero la Epifanía es mucho más. La manifestación del Hijo de Dios a los  sabios de Oriente supuso la apertura del misterio de la encarnación a todas las naciones de la tierra. Desde el pesebre, el Emmanuel es Dios con nosotros;  Dios con todos los pueblos; Dios en todos los pueblos; también, en los que no son como nosotros.

Beatriz Galán Domingo, SMC
Misionera comboniana en Talawakelle, Sri Lanka