Sebastián Mora: «No hay transformación social sin espiritualidad»

Ante una concepción del voluntariado que se debate entre la autorrealización personal o el prestigio social, Sebastián Mora, ex secretario general de Cáritas Española, defendió El valor transformador del voluntariado y sus retos ante más de 60 voluntarios de Cáritas Madrid

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Foto: Cáritas Madrid

Ante una concepción del voluntariado que se debate entre la autorrealización personal o el prestigio social, Sebastián Mora, ex secretario general de Cáritas Española, defendió El valor transformador del voluntariado y sus retos ante más de 60 voluntarios de Cáritas Madrid

«La cruz, el sacrificio y la renuncia son una clave social de primer orden, porque ofrecen razones de actuación. No hay transformación social sin una honda espiritualidad. Sin ir al fondo de lo humano no hay razones para encontrar la forma de organizar lo social», afirmó el sábado el ex secretario general de Cáritas Española, Sebastián Mora, durante el encuentro de voluntarios organizado por Cáritas Madrid para abordar El valor transformador del voluntariado y sus retos.

«Hasta no hace mucho tiempo, las personas vivían en un mundo en el que los valores guiaban a la sociedad, un mundo en el que el sentido de comunidad era el que primaba, dando vida a unas relaciones humanas más completas y satisfactorias, en donde el bien común era el final de cualquier acción. Sin embargo, los nuevos cambios en las formas de relacionarnos nos han llevado a establecer vínculos cada vez más alejados, estableciendo relaciones más basadas en el yo y no en el otro», denunció Mora ante los voluntarios de Cáritas.

«Vivimos en un mundo en transición, en el que todo está cambiando», afirmó Mora, pues «en este mundo digitalizado la brecha entre el sentido de comunidad y el individualismo se está acentuando cada vez más».

«Antes nos preguntábamos cómo defender la dignidad humana, y ahora nos preguntamos qué es la dignidad humana», señaló, citando a fenómenos como el transhumanismo ciborg o la crisis migratoria mundial, por lo que «hay una gran incertidumbre que afecta también a lo social».

Una tentación «en este panorama de arenas movedizas» es hacer «actos simbólicos que generen que el otro me reconozca, en lugar de buscar formar parte de actos altruistas que contribuyan al bien común por el simple hecho de formar parte de una sociedad. El riesgo que corremos es el de llegar a utilizar al otro para mi propio beneficio», alertó.

Otro elemento en esta línea es el fenómeno en expansión del voluntariado corporativo, «por el que las empresas consiguen su objetivo de tener a sus trabajadores más alineados con la causa de la organización». Ambos son ejemplos de proyectos de «corto o medio alcance, que son importantes, pero ¿son realmente transformadores a largo plazo?».

En este sentido, avanzó que el 50 % de personas se apuntan a una actividad de voluntariado por una aspiración laboral y mejorar el currículum, y que el 58 % lo hace para llenar el tiempo libre. «Es legítimo, pero tiene un escaso potencial transformador», constató Mora, para quien «venimos de unos años en los que ser voluntario era una carta de presentación social, laboral, e incluso cristiana. El voluntariado se ha idealizado», y también se ha instrumentalizado, de modo que la motivación de muchos voluntarios es la autorrealización: «¿No estaré usando al otro para sentirme bien yo mismo?», preguntó.

Como solución, señaló de que «el único camino posible es el de buscar esos valores que nos han movido como seres humanos que forman parte de una sociedad, valores que dan sentido a nuestras vidas y que dignifican al otro con el que me relaciono», y de este modo «elaborar una cuidadanía que genere una ciudadanía».

Esta transformación de lo social pasa en primer lugar por desvelar y sacar a la luz situaciones en nuestra sociedad «que solo conocen, ven y experimentan los voluntarios, algo que va más allá de las estadísticas. Muchas veces las narrativas personales generan más que los números», dijo Mora.

Y en segundo lugar, «no hay transformación personal sin transformación de nuestro contexto y de nuestra estructura: es una dinámica de ida y vuelta que tenemos que trabajar. Pero esto no es una solución técnica, sino de sentido. ¿Qué razones tengo para intentar cambiar mi entorno y mi barrio?», concluyó Mora, que acabó citando a Habermas cuando alude a las religiones como reservas de sentido, por lo que animó a buscar «el sentido que nos obliga a ejercer una honda espiritualidad basada en los valores humanos».

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