Santa Soledad Torres Acosta llega al cine - Alfa y Omega

Santa Soledad Torres Acosta llega al cine

Juan Orellana
Sor Inés durante una de sus visitas a don Arturo, en Luz de Soledad. Foto: Goya Producciones

Que haya productores y directores españoles que nos cuenten la vida de nuestros santos es algo muy de agradecer. Los italianos ya lo venían haciendo desde hace tiempo, muy especialmente con la compañía Lux Vide, y los franceses lo hicieron hace muchos años. El director mirobrigense Pablo Moreno nos contó la historia de los mártires de Barbastro hace tres años; hace unos meses estrenó la vida de san Pedro Poveda; y ahora –aunque rodó esta película casi a la vez– nos trae la de santa Soledad Torres Acosta, de la mano de Goya Producciones. Tres películas de encargo y tres películas con un presupuesto mínimo para ser cine de época; pero tres magníficos ejemplos de trabajo bien hecho y tres modelos de producción (lo que la mayoría hace con diez euros, Pablo Moreno lo consigue a la perfección con uno). Este cineasta, que bien merecería una calle en Ciudad Rodrigo, su habitual set de rodaje, cada vez dirige mejor, y quien empezó como director amateur se ha convertido en un excelente realizador, que no tiene nada que envidiar a otros directores arropados por los grandes grupos mediáticos y asiduos de alfombras rojas y photocalls. Un verdadero artesano del cine.

Sin estereotipos ni maniqueísmos

La película Luz de Soledad parte del presente, en Madrid, donde sor Inés, una religiosa sierva de María, acompaña a un enfermo en su lecho de muerte, don Arturo. El moribundo es un comecuras que reniega de la presencia de la monja que le ha impuesto su hija Olga, agobiada de trabajo. Ella pasa las horas muertas rezando y leyendo la vida de su fundadora, santa Soledad Torres Acosta. Un día el enfermo le pide que le lea en voz alta esa biografía, y así, como a modo de flashbacks, vamos conociendo la vida de esta santa madrileña –que casualmente también fundó en Ciudad Rodrigo–, a la vez que comprobamos el eco de dicha lectura en el citado enfermo.

Laura Contreras da vida a la santa magistralmente. Su antagonista es sor Magdalena, interpretada por Elena Furiase, actriz frecuente de Pablo Moreno; y la madre de esta, la cantante y actriz Lolita Flores, encarna magníficamente a la madre de santa Soledad. Por su parte, Carlos Cañas representa al padre Miguel Martínez, fundador de la congregación.

Obviamente el filme se centra en determinados momentos significativos de la biografía de la santa –llamada Manuela antes de «entrar en religión»–, pero sin parecer por ello una película episódica. Así vamos desde su juventud, en la que ayudaba a sus padres, lecheros, hasta el nacimiento de su vocación de servicio a los enfermos. Nos transmite una vida nada fácil, llena de reveses, epidemias, revoluciones… En fin, bien servida de penurias, de contradicciones, pero atravesada de la certeza de la fe y del servicio a los más necesitados. Tampoco nos oculta el pecado en los hombres y mujeres de Iglesia, sin caer en estereotipos ni maniqueísmos fáciles.

Hay que destacar el trabajo de fotografía de Rubén Ortega, realmente espléndido y de logrados resultados dramáticos, así como la dirección artística de Aránzazu Gaspar, sorprendente desde el punto de vista de producción.

Juan Orellana