A Río, «con ganas de gritar nuestra fe»

Hospitalidad, vitalidad y falta de complejos para vivir la fe: son los rasgos que los peregrinos madrileños, que vivieron la Semana Misionera en Sao Paulo, destacan de sus hermanos brasileños. Cada uno de estos rasgos encierra una clave misionera, que hace que los peregrinos hayan llegado a Río ya con impulso misionero

María Martínez López
En las fotografías, varios momentos de la peregrinación de los jóvenes madrileños a la JMJ Río 2013

Hospitalidad, vitalidad y falta de complejos para vivir la fe: son los rasgos que los peregrinos madrileños, que vivieron la Semana Misionera en Sao Paulo, destacan de sus hermanos brasileños. Cada uno de estos rasgos encierra una clave misionera, que hace que los peregrinos hayan llegado a Río ya con impulso misionero

Los días previos a la Jornada Mundial de la Juventud, que comenzaron a celebrarse en la JMJ de 1997, en París, están ya consolidados como una parte fundamental de las Jornadas. Testigo de ello es Alejandro, de 22 años, que opina que, «sin la Semana Misionera, habría sido más difícil incorporarnos a la JMJ. Ha sido una preparación muy fuerte». Este joven de la parroquia Nuestra Señora de Moratalaz es uno de los más de 200 peregrinos que han peregrinado hasta Río de Janeiro con la Delegación diocesana de Infancia y Juventud, de Madrid, y que han pasado estos días en la archidiócesis de Sao Paulo.

El hecho de que los organizadores de esta JMJ de Río hayan elegido, para lo que hasta ahora eran los Días en las diócesis, el nombre de Semana Misionera subraya la estrecha relación de estos días con el carácter marcadamente misionero de esta Jornada, que se manifiesta en el mismo lema de la JMJ: Id y haced discípulos a todos los pueblos.

Lo resaltó el arzobispo de Madrid, cardenal Antonio María Rouco, durante la Misa que celebró con todos los peregrinos madrileños, el día 17, en la catedral de Sao Paulo. Ese día se celebraba la memoria litúrgica de San Ignacio de Azevedo y compañeros, un grupo de 40 jesuitas martirizados por corsarios mientras navegaban hacia Brasil para evangelizar esta tierra. «Las turbulencias en avión son una broma» al lado de las penalidades vividas por los misioneros en esa época, bromeó el cardenal Rouco; y, aun así, «esos jóvenes vinieron hacia Brasil, por amor a Jesucristo y a los hombres». Una llamada que sigue siendo vigente hoy: «Es importante que los jóvenes, en este marco de la semana de preparación, tengáis conciencia de que vosotros conocéis a Cristo, y de que, viviendo vuestra fe, también hacéis mucho bien a los demás».

En total sintonía con estas palabras, Alejandro ha llegado a Río con muchas ganas «de empaparme de todo y de, al volver a casa, transmitirlo». En su camino, ha comprobado que fe y vocación misionera van unidas: «Cuando era más joven, tenía miedo de hablar de mi fe». Gracias a un voluntariado social y a la JMJ de Madrid, fue involucrándose más en la parroquia y, «cuando tu fe va madurando, te das cuenta de que es algo muy grande, y te gustaría que el resto de la gente viviera lo que vives tú».

Experiencia del cielo

Hacia afuera, lo más llamativo de la Semana Misionera parecía la presencia festiva de los jóvenes por las calles de la ciudad. Los peregrinos madrileños conocieron, por ejemplo, el Patio del Colegio, que se levanta sobre el primer edificio -un colegio e iglesia- que construyeron los misioneros jesuitas al fundar la ciudad; o el monasterio de San Benito, uno de los monasterios contemplativos más antiguos de Brasil. Sin embargo, el acento real de estos días se pone, sobre todo, en conocer y convivir con la Iglesia del país que acoge la Jornada; algo que, durante la Jornada misma, no es tan fácil. Ha habido tiempo para todo: ratos de oración, visitas a algunas de las obras sociales de la Iglesia en la zona, y también comidas y ratos de ocio compartidos.

Con todo, lo que más ha llamado la atención a los peregrinos ha sido la calidez de la acogida, que ha sido, además, el gran testimonio cristiano de los católicos brasileños. «A todos nos ha llamado la atención cómo nos han acogido -resalta Antonio, un peregrino-. No podemos olvidar que el artífice de todo esto, el que hace que haya gente así de buena, es Dios. Lo que hay que resaltar de este encuentro es que todo esto lo hizo Él, y que, siempre que nos dejamos llevar por Él, podemos alcanzar esta comunión».

En su homilía del día 17, el cardenal Rouco -obispo anfitrión de dos JMJ, la de Santiago y la de Madrid- puso otras palabras a esta experiencia, al revelar que «Benedicto XVI me confesó, hace poco, que la JMJ fue, para él, una experiencia del cielo». Eso debe hacer que, «cuando volvamos a casa», también «queramos vivir de tal manera que nuestra tierra se parezca un poco más al cielo. Pero la condición para eso es la de los mártires: dar todo a Cristo, no anteponer nada a Cristo».

Una Iglesia única, y misionera

El padre Humberto, párroco de Nuestra Señora de los Placeres, una de las parroquias acogedoras, explica que «nos gustaría haber hecho otras cosas, como ir por las casas de la gente que no vive su Bautismo. Pero era difícil, porque esa gente trabaja durante el día». Por eso, optaron por acciones más sencillas, para «mostrar a los jóvenes que, con nuestras actividades cotidianas, con nuestro modo de ser, de pensar y de hacer, podemos evangelizar».

La experiencia de convivencia, además de encantar a todos, también ha tenido su valor misionero: «Los jóvenes españoles y brasileños se han sentido muy cercanos, muy parecidos: alegres, espontáneos, divertidos, habladores… Esto hace que sientan más voluntad de evangelizar juntos -explica el padre Humberto-. Hemos querido dejar a los jóvenes de todo el mundo el mensaje de que somos una única Iglesia; que, aunque vivamos algunas realidades distintas, la Iglesia es una. Y es, por naturaleza, misionera. Debemos tener un encuentro personal con Jesucristo y, con Él, ser un pueblo que construya una sociedad mejor».

Mucho que aprender

Como dice este sacerdote, estos días sirven para profundizar en la universalidad de la Iglesia. Por ejemplo, a los jóvenes brasileños les ha sorprendido -confiesa don Humberto- el utilizar la misma liturgia. Pero también se constatan las diferencias, y se aprende de ellas. El padre Alberto, de la diócesis de Lugo, que peregrinaba con Madrid, explica que «los brasileños tienen una vitalidad arrolladora. Tenemos mucho que aprender de ellos, y ellos de nosotros; nos complementamos. Es una Iglesia joven, con mucha vitalidad, con muchos recursos vitales y espirituales», que puede aportar a Europa «esta frescura y falta de complejos para vivir el cristianismo, que en Europa se han podido perder». Este sacerdote se refiere a detalles que han sorprendido a muchos, como la frecuencia con la que se oyen expresiones como Deus abençoe você (Dios te bendiga), o Fica com Deus (Queda con Dios). «Tienen, eso sí, el peligro de caer en el emotivismo. Pero, encauzándolo bien, puede dar mucho fruto y ser una renovación para la Iglesia mundial». Antonio, uno de los seminaristas que le acompaña, subraya que «aquí no tienen vergüenza ninguna de salir con un crucifijo en la mano o de gritar el nombre de Cristo por las calles. Esto nos ha ayudado a ir a Río ya con ganas de gritar al mundo nuestra fe».

La experiencia ha sido tan enriquecedora, que don Humberto ha decidido «proponer a los obispos el organizar una Jornada Brasileña de la Juventud, que tenga su foco en la misión: que jóvenes del Sur vayan a la zona del Amazonas para evangelizar, y lo mismo al revés. Esta experiencia ha sido bellísima y, si no empezamos con la juventud, de viejos no tendremos coraje de evangelizar».

María Martínez López. Enviada especial a Río

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Comienza con los jóvenes: con esta recomendación, nació en Brasil la comunidad Cançao Nova, una nueva realidad eclesial volcada completamente en la evangelización. Los peregrinos de la Delegación de Infancia y Juventud de Madrid visitaron su sede central, en Cachoeira, de camino a Río, y fueron acogidos espléndidamente. En los años 70, su fundador, el salesiano Jonas Abib, con quien se ha encontrado el cardenal Rouco, le planteó al obispo de la diócesis de Lorena la inquietud que sentía por comenzar una nueva labor de evangelización. Fue el obispo quien le animó a empezar con los jóvenes. Por eso, en 1978, después de uno de los retiros que organizaba para ellos, les preguntó quién quería dedicar un año de su vida al Señor. Surgieron doce voluntarios. Hoy, Cançao Nova está presente en Brasil, Italia, Francia, Palestina, Paraguay y Estados Unidos. Viven la espiritualidad carismática, y su vocación es evangelizar a través de los medios de comunicación: en Brasil tienen una radio, la mayor televisión católica, y también revistas; aunque también organizan grandes encuentros, y hacen labor social a través de una escuela y un centro sanitario. Tienen 1.200 miembros -sacerdotes, consagrados y familias-, y la historia de su origen subraya el protagonismo que los jóvenes tienen en la labor evangelizadora de la Iglesia. Con ellos es fácil construir, «porque están deseosos de buscar algo nuevo -explica Fabio Maia, uno de los 1.200 consagrados con los que cuenta la comunidad-. Son más flexibles, no tienen raíces tan echadas como los adultos. El joven es alguien que está en busca de un seguimiento, de algo que le complete: busca una profesión, fundar una familia, un amor, avanzar en la sociedad… Y en la Iglesia también es así. En la adolescencia y juventud es cuando se descubre la vocación al sacerdocio o a la vida religiosa». En este sentido, creen que la JMJ de Brasil es una gran oportunidad porque supone «un despertar del joven para Jesucristo. Aquí vibramos con la Jornada porque queremos a los jóvenes, y queremos que tengan ese encuentro con Jesús».

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[w8_toggle margin_bottom=»10px» title=»Unidos ante el Señor»]

Entre muchos encuentros festivos, la oración también ha jugado un papel importante durante la Semana Misionera. En la parroquia Nuestra Señora de los Placeres, por ejemplo, varios días comenzaron con un rato de oración ante el Santísimo.

«Ha sido una experiencia muy bonita comenzar el día adorando a Dios», coincidieron muchos de los jóvenes el último día, poniendo en común lo vivido. Los ingredientes han sido la presencia de Cristo Eucaristía, la Palabra de Dios y la música de Taizé, aunque adaptada al estilo brasileño. Una combinación positiva para todos: a los españoles les llamó la atención que se hiciera una Adoración con tanta música; a los brasileños, los ratos de silencio. Los jóvenes de esta parroquia pertenecen a un grupo de inspiración carismática, donde predominan los ratos de oración basados en la música y la alabanza. Uno de ellos, Felipe, compartió que, «hasta ahora, pensaba que me bastaba la alabanza, alabar a Dios con mi voz. Pero, a través de esta experiencia, he visto que no sólo puedo expresarle mi amor cantando, sino de miles de formas, como por ejemplo con la Palabra». El padre Humberto subrayó que, «con estas cosas que tenemos en la Iglesia, podemos conquistar a los jóvenes». Eso sí, quizá haga falta «actualizarlas, y que los pastores les acojamos más. A ellos les gusta trabajar y ayudar, pero nosotros, a veces, no les dejamos espacio».

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