Resistencia y diálogo: claves del éxito de más de cinco décadas de diplomacia vaticana en Cuba

Francisco ha culminado en Cuba una labor iniciada por san Juan XXIII, afirma el antiguo secretario del Pontífice, el cardenal Capovilla. El Papa Roncalli lamentó la decisión de algunos religiosos de huir de la isla (otros muchos fueron expulsados contra su voluntad), porque «un religioso no abandona el campo donde el Señor lo ha mandado»; «si te agarran, nos toca ir a prisión»

Alfa y Omega

Francisco ha culminado en Cuba una labor iniciada por san Juan XXIII, afirma el antiguo secretario del Pontífice, el cardenal Capovilla. El Papa Roncalli lamentó la decisión de algunos religiosos de huir de la isla (otros muchos fueron expulsados contra su voluntad), porque «un religioso no abandona el campo donde el Señor lo ha mandado»; «si te agarran, nos toca ir a prisión»

El Papa Francisco expresó el jueves su «satisfacción profunda con la decisión histórica» de Estados Unidos y Cuba de recuperar las relaciones diplomáticas interrumpidas desde 1961, acercamiento histórico en el que, según han reconocido ambas partes, el Pontífice ha jugado un papel central.

Según informó Radio Vaticano, en los últimos meses, el Papa escribió a los dos presidentes Raúl Castro y Barack Obama, «invitándolos a resolver las cuestiones humanitarias de interés común, incluida la situación de algunos de los detenidos, con el fin de iniciar una nueva etapa en las relaciones entre las dos partes».

En una audiencia esta semana a un grupo de embajadores ante la Santa Sede, Francisco habló en estos términos de la función de la diplomacia. «El trabajo del embajador es una obra de pequeños pasos, cosas pequeñas, pero que siempre terminan haciendo la paz», porque se trabaja en «atraer los corazones de la gente, sembrar la fraternidad entre los pueblos».

Concretamente, sobre el acercamiento entre Cuba y Estados Unidos, Francisco dijo a los embajadores: «Hoy estamos todos contentos porque hemos visto cómo dos pueblos, alejados por tantos años, ayer han dado un paso hacía la cercanía. De hecho, esto ha sido llevado acabo por embajadores, por la diplomacia. Es un trabajo noble el que ustedes hacen, muy noble».

La Secretaría de Estado explicó en un comunicado que la Santa Sede se puso en contacto con los gobiernos de Estados Unidos y Cuba para «facilitar un diálogo constructivo sobre temas sensibles, que dio lugar a soluciones satisfactorias para ambas partes». El Vaticano «seguirá prestando su apoyo a las iniciativas de los dos países en el compromiso de impulsar las relaciones bilaterales y promover el bienestar de sus ciudadanos».

Juan XXIII: «Se necesita resistir allí»

La Santa Sede ha culminado así una larga labor diplomática iniciada por Juan XXIII (elegido en noviembre de 1958, sólo unas pocas semanas antes del triunfo de la Revolución cubana), y continuada por los pontífices posteriores, particularmente Juan Pablo II y Benedicto XVI, que realizaron sendas visitas a la isla.

«Esto se debe a nuestros pontífices y a todos los hombres de buena voluntad que han sabido interpretar el pensamiento preponderante de la Iglesia», basado en «la paz entre las naciones», ha dicho el cardenal Loris Capovilla, de 99 años, antiguo secretario de san Juan XXIII, en una entrevista al diario Il Corriere della Sera, en la que se felicita por el éxito diplomático de la Santa Sede. Pero «antes de hablar de sabiduría diplomática –añade–, yo quiero hablar de una gran acción humanitaria y cristiana del Santo Padre y de sus colaboradores».

En todo este tiempo, la Iglesia se ha expresado siempre de forma muy crítica con el embargo estadounidense, sin por ello dejar de reclamar a las autoridades cubanas respeto a los derechos fundamentales, y en particular, a la libertad religiosa. Con la Revolución, muchos sacerdotes y religiosos fueron expulsados del país y la libertad de culto fue severamente restringida.

El antiguo secretario de Angelo Roncalli revela, sin embargo, que el Papa de la Pacem in terris lamentó la actitud de algunos religiosos en Cuba, porque «no se escapa, se necesita resistir allí». «Un religioso no abandona el campo donde el Señor lo ha mandado»; «si te agarran, nos toca ir a prisión, pero un religioso no puede decir: yo me voy, no juego más».

Aleteia/Alfa y Omega