Recuerdo del atentado contra Juan Pablo II - Alfa y Omega

Al cumplirse el 13 de mayo de este año el 40 aniversario del atentado contra Juan Pablo II, es buen momento para recordar aquel acontecimiento que muchos vivimos y recordamos. Vimos en televisión las escenas del trágico e inesperado suceso que conmovió al mundo entero.

Precisamente, desde la plaza de san Pedro –que asociamos a mensajes de amor, de fraternidad y de concordia–, se oyeron unos disparos en una cálida tarde de mayo, que coincidía con la fecha de la primera aparición de la Virgen de Fátima a los tres pastorcillos. Aquel hombre venido del este había vivido primero bajo la tiranía del nazismo, cuando estudiaba Filología en Cracovia y, clandestinamente, cursó sus estudios en el seminario de la misma ciudad.

Pocos años después de la liberación de los campos de exterminio de Auschwitz por los soviéticos, tuvo que vivir bajo la nueva dictadura del comunismo, que vio peligrar su Gobierno en Polonia al ser elegido Papa en 1978.  Aunque nunca se aclaró quién envió al turco Ali Agca, que salió de la cárcel con el encargo de matar al Papa en su tercer año de pontificado, muchas pistas apuntan a que trabajaba para el servicio secreto búlgaro durante la época comunista y que el motivo del encargo era la oposición de Juan Pablo II al comunismo.

Un 13 de mayo, muy soleado, de 1981 a las 17:19 horas de la tarde, durante la audiencia general en una plaza abarrotada de gente, caía gravemente herido por cuatro impactos de bala, el joven Papa Juan Pablo II. Se recuperó milagrosamente, pero sufrió durante el resto de su vida las secuelas de esos disparos, que dañarían su fuerte constitución de hombre deportista y curtido en la Polonia bajo las fuerzas soviéticas.

Un héroe de nuestro tiempo que merece ser conocido por las nuevas generaciones por una vida tan intensa, variada y que promovió, entre otras muchas cosas, las Jornadas Mundiales de la Juventud en las que han participado muchos miles de jóvenes desde su inicio.

Maialen Aguinaga Alfonso