Don Benoni Ambarus, director de Cáritas Roma: «¿Qué hacemos con los que no tienen casa?»

Victoria Isabel Cardiel C.
Un hombre sin hogar se dirige a las duchas del Vaticano el pasado domingo. Foto: AFP/Andreas Solaro

La Conferencia Episcopal Italiana (CEI) adecuó su agenda a las medidas extremas adoptadas el pasado 9 de marzo por el primer ministro de Italia, Giuseppe Conte, y suspendió las ceremonias civiles y religiosas. Hasta el 3 de abril se han cancelado Misas, Bodas, Bautizos y Funerales. Todo se apaga para evitar el avance del virus originado en China. Todo, menos los servicios más esenciales.

«Las parroquias se han movilizado para dar asistencia telefónica, se han puesto en marcha cadenas de solidaridad, para movilizarse con ayuda concreta. En este sentido, se han creado grupos de WhatsApp a través de los que se coordinan sacerdotes que estos días son voluntarios. Por ejemplo, cuando una persona anciana o enferma tiene que hacer la compra o necesita medicinas, se ofrecen a ir en su lugar aquellos que están más cerca de su zona. Otras parroquias continúan repartiendo comida entre los más necesitados, pero ciertamente con más precauciones. Tampoco han cerrado las duchas de Cáritas Roma, porque justo es la higiene y la desinfección lo más necesario para paliar esta pandemia», explica por teléfono a Alfa y Omega Don Benoni Ambarus, director de Cáritas Roma, tras haber servido comida caliente para más de 350 personas en uno de los comedores sociales del centro de Roma, donde operan de normal 15 voluntarios, aunque en estas circunstancias no llegan a cinco. La mayor parte de los voluntarios en la institución son personas mayores de 65 años, una de las franjas de edad con más riesgo de presentar graves patologías si contraen el virus, que por prudencia o por tener que quedarse con los nietos han dejado de dar su tiempo a los demás.

El sacerdote rumano que dirige la obra social de la Iglesia en la capital italiana subraya que son más de 8.000 las personas que se ven obligadas a dormir al raso porque no tienen una casa en la que descansar. «Estas personas suelen tener un sistema inmunitario débil, donde el virus encuentra un terreno fértil. Además, si permanecen en la calle una vez contagiados, pueden extender el virus a otros», señala Don Ben, como es conocido entre los pobres de Roma.

«Las emergencias sanitarias como esta ponen a prueba las estructuras de acogida, porque son un potencial foco de expansión del virus. Deberían estar estructuradas en habitaciones separadas por la distancia de seguridad con una sola cama, pero ningún centro de asistencia para los más vulnerables es así. Entonces hay dos opciones. O seguimos dando acogida al mismo número de personas, a pesar del riesgo real, o elegimos ayudar a menos personas, pero en condiciones de seguridad», constata.

«No podemos abandonar a los últimos»

Estos días se ha convertido en uno de los principales impulsores del ejército de salvación con sotana y alzacuellos que, a pesar de las dificultades, no va a dejar en la estacada a los más vulnerables. «En estos momentos en los que falta la Eucaristía, crece la necesidad de poder nutrirse del Señor ayudando a los últimos. También a los sacerdotes les ha llegado la obligación de quedarse en casa. Pero muchos han pensado: “Ahora la consigna es quedarse en casa, pero ¿qué hacemos con la gente que no tiene una casa?”. No podemos abandonar a los últimos. Es el eslabón más débil de la sociedad y existe un riesgo real de dejarlos atrás», explica.

El coraje y valentía de estos soldados de Dios han sido ensalzados por el Papa. «Quisiera también agradecer la creatividad de los sacerdotes. […] Curas que piensan en mil formas de estar cerca del pueblo para que no se sienta abandonado», señaló, tras elogiar en particular a los que permanecen en primera línea en la región de Lombardía, la más afectada por la pandemia, donde los hospitales no dan abasto y los féretros se acumulan. Son curas «con celo apostólico», dijo el Papa, que entienden que «en tiempos de pandemia no pueden ser Don Abundio», en alusión al personaje del libro I promessi sposi, un sacerdote sin vocación, vil y cobarde.