¿Por qué hacen falta los milagros en los procesos de canonización?
El milagro es la confirmación por parte de Dios de que el siervo de Dios que la Iglesia propone para la beatificación o la canonización está intercediendo ante Él. Es como si Dios mismo fuese llamado a declarar en el proceso. Hace falta un milagro aprobado para ser beato –excepto en el caso de los mártires, porque no hay mayor milagro que dar la vida por amor a Cristo–, y otro para ser canonizado.

¿Valen los milagros obtenidos en vida?
No, solo se consideran los realizados después de la muerte del siervo de Dios. Así la Iglesia alcanza la certeza moral de que esa persona está en el Cielo intercediendo por sus hermanos. Alguien podría tener el don de hacer milagros en vida pero torcerse después; por eso este tipo de milagros no son definitivos en una causa de canonización.

¿Los pecados son un impedimento para conseguir milagros y ser canonizado?
La causa de canonización es un estudio es muy minucioso en el que se investiga la vida, la muerte y la fama de santidad del siervo de Dios, lo que dijo e hizo. Todo esto forma parte del proceso de virtudes, que es complementario al proceso de milagro. Es imposible haber sido irreprochable en todo. Si alguien no tuviera ningún defecto o pecado, el proceso no sería creíble; siempre debe haber un crecimiento en la virtud. Todos los santos, excepto la Virgen, han tenido pecados, que han superado con la ayuda de la gracia.

¿Qué se considera realmente un milagro?
Podemos decir que los santos nos obtienen dos tipos de gracias: los favores y los milagros. Los primeros son intervenciones que atribuimos a la intercesión del siervo de Dios, pero que también podrían ser explicadas por alguna otra causa; por ejemplo pedir un trabajo por intercesión de un siervo de Dios y obtenerlo. Los milagros van más allá, porque son intervenciones de Dios directas e inexplicables, que influyen en el curso de la naturaleza y en especial en el terreno de la medicina. Para concluir un proceso de canonización hace falta un milagro de estos últimos, que es como el dedo de Dios, la intervención que asegura que esa persona está en el Cielo intercediendo ante Él.

¿Es un proceso fiable científicamente?
Es muy riguroso. En su fase diocesana, la causa de canonización exige una pericia médica inicial, en el Tribunal hay un perito médico, y al concluir el proceso examinan a la persona sanada otros dos peritos médicos. Cuando la causa llega a Roma, la estudia un comité de siete peritos médicos. Los peritos no tienen por qué ser creyentes, sino que simplemente certifican que entre el diagnóstico y la situación actual hay una curación que no se puede explicar por los tratamientos médicos conocidos ni por la terapia utilizada. Además de inexplicable, la curación ha de ser inmediata, completa y duradera.

Y lo más importante: el milagro no lo hace el siervo de Dios, sino que lo hace Dios a través de su intercesión.