Junto al día del Domund, la devoción al Santo Rosario es un hito fijo en el recorrido cristiano del mes de octubre.

El Rosario es una devoción esencialmente contemplativa que nos alienta a mantener viva nuestra fe y nos ayuda a vivirla con alegría y entrega a favor de lo que Dios espera de cada uno, especialmente acompañados de nuestra Madre del cielo.

Un teólogo de nuestros días, el dominico Edwar Schillebeeckx, nos describe las riquezas que contiene esta oración mariana. Escribe: «El Rosario es símbolo de fe sintético y psicológico en forma de plegaria meditada; es una plegaria que resume todo el dogma redentor… Orando, el pueblo de Dios se ancla más fuertemente en los dogmas de la fe. Rezando el Rosario, se identifica con María en la evolución de su vida con Cristo y revive, por Él, en la fe, la esperanza y la caridad todas las fases de la vida de Cristo».

Rezado en público, el Santo Rosario es una solemne oración dialogada. Se nos invita a profundizar en el amor a Nuestro Señor Jesucristo y a Nuestra Señora, para tratar de imitar lo que amamos.

Hemos de procurar evitar que el rezo del Rosario, tanto en público como en privado, se haga deprisa o de cualquier manera. Difícilmente se podrá conseguir que la dignidad, atención y devoción de esta preciosa oración obtenga sus frutos, si se hace con precipitación y falta de sentido. Debería ser un propósito en nosotros cuidar y revisar cómo se reviven en nosotros los momentos más importantes y significativos de la historia de la salvación, acompañados de nuestra Santísima Madre.

El Rosario es una oración sencilla y accesible a todos: grandes, pequeños, laicos y clérigos, cultos y menos formados. Es la oración, sobre todo, de los ancianos y enfermos. Cerca de ellos, al alcance de sus manos, suele estar el Rosario, y lo ven sus hijos y sus nietos.

Propongamos, especialmente durante este mes, ser apóstoles del Rosario. Sacerdotes, padres y abuelos, catequistas y educadores: pongan en manos de un niño o de una niña bien pronto el Rosario, recen con ellos, y estará creciendo y haciéndose un buen cristiano.

¡Santísima Virgen del Rosario, intercede por nosotros!

+ Ramón del Hoyo López