Papa Francisco: la guerra es una idolatría y «el suicidio de la humanidad»

La guerra «es el suicidio de la humanidad, porque mata el corazón. La guerra viene del odio, de la envidia, del deseo de poder». Para los poderosos que están detrás de los conflictos, «el dinero es más importante…

María Martínez López

La guerra «es el suicidio de la humanidad, porque mata el corazón. La guerra viene del odio, de la envidia, del deseo de poder». Para los poderosos que están detrás de los conflictos, «el dinero es más importante que las personas». Por eso, la guerra «es un acto de fe en los ídolos, que te llevan a matar al hermano». Son algunas de las profundas denuncias que el Papa hizo este domingo sobre todas las guerras. También tuvo un pensamiento y una oración especial por la situación en Siria, e hizo un llamamiento para la liberación de las personas secuestradas en este país

El Papa Francisco tuvo, este domingo, palabras muy duras sobre las guerras y las causas que están detrás de ellas. Después del rezo del Ángelus, reiteró la «preocupación viva y sufrida» que ya ha mostrado otras veces por los persistentes enfrentamientos en Siria. Desde hace dos años -recordó-, la guerra «golpea en especial a la población inerme, que aspira a una paz en la justicia y en el entendimiento». El conflicto armado de Siria «conlleva consecuencias trágicas: muerte, destrucción, ingentes daños económicos y ambientales, así como el flagelo de los secuestros de personas».

El Santo Padre deploró los secuestros, aseguró su «oración y solidaridad por los secuestrados y sus familias», e hizo un llamamiento «a la humanidad de los secuestradores por la liberación de las víctimas». Entre ellas, están los obispos monseñor Yohanna Ibrahim, de la diócesis siro-ortodoxa de Aleppo, y monseñor Boulos Yaziji, de la diócesis greco-ortodoxa de la misma ciudad; pero también muchas personas anónimas que, en medio de la situación de inseguridad y alegalidad, son secuestradas por motivos económicos o sectarios.

«Todo se pierde con la guerra»

Sin embargo, su preocupación va más allá del conflicto sirio, y se extiende a todos los países «en los que se derrama todavía tanta sangre fraterna en guerras que son siempre una locura. Todo se pierde con la guerra, todo se gana con la paz». Hizo esta alusión recordando la Eucaristía que, unas horas antes, había celebrado en Santa Marta, en la que participaron 80 personas, entre parientes de 24 militares italianos caídos en misiones de paz, sobre todo en Afganistán, y algunos militares heridos. Habían sido invitados porque, el 2 de junio, se celebra en Italia la Fiesta de la República.

En la homilía, el Papa tuvo palabras muy duras para toda guerra, que es «el suicidio de la humanidad, porque mata el corazón, mata precisamente donde está el mensaje del Señor: ¡mata el amor! Porque la guerra viene del odio, de la envidia, del deseo de poder, y también de ese afán por más poder». Muchos de estos conflictos comienzan porque «los grandes de la tierra« quieren resolver «los problemas locales y económicos» mediante la guerra.

«¿Dónde está tu hermano?»

«¿Por qué? -preguntó el Papa- ¡Porque el dinero es más importante que las personas para ellos! Y la guerra es precisamente esto: es un acto de fe en el dinero, en los ídolos, en el ídolo que te lleva a matar al hermano, que lleva a matar el amor». Por eso, todavía hoy «podemos oír» a Dios que nos pregunta, como a Caín, ¿dónde está tu hermano? «Es nuestro Padre Dios que llora por esta locura nuestra», y hace esa misma pregunta a «todos los poderosos de la tierra».

El Santo Padre concluyó su homilía exhortando a rezar al Señor, pidiéndole que mire «nuestra miseria y nuestra pena, y perdone todos los pecados. Dirígete a nosotros, Señor, y ten misericordia, porque estamos tristes y angustiados. Estamos seguros de que el Señor nos escuchará y hará algo para darnos el espíritu de consuelo».

Sin embargo, junto a estas denuncias proféticas, el Papa subrayó que en el mundo «también hay muchos signos de esperanza», como «los recientes pasos cumplidos en varios países» de Hispanoamérica «hacia la reconciliación y la paz», para los que mostró todo su aliento.

María Martínez López