Padre de seis hijos y enterrado en cal viva por católico

Padre de seis hijos y enterrado en cal viva por católico

Valencia rinde homenaje a sus mártires con una jornada en la que participa Juan Antonio Martínez Camino

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Arturo Ros, mártir, abuelo del actual obispo de Santander. Foto cedida por Ramón Fita.
Arturo Ros, mártir, abuelo del actual obispo de Santander. Foto cedida por Ramón Fita.

Arturo Ros es el nombre del actual obispo de Santander, pero también es el nombre de un mártir valenciano que dio su vida por su fe durante la Guerra Civil. En realidad, este testigo de la fe, padre de seis hijos, es el abuelo del prelado de la diócesis cántabra, por aquello que dijo Tertuliano de que la sangre de los mártires es semilla de cristianos. Sin duda, el testimonio de Ros gravita sobre el acto que la diócesis de Valencia organiza este miércoles con motivo del XXV aniversario de la beatificación de los mártires valencianos. En ella participa Juan Antonio Martínez Camino, obispo auxiliar de Madrid, que hablará sobre El martirio de los cristianos, el hecho más importante de la historia de la Iglesia en el siglo XX

En agosto de 1936, Arturo Ros Montalt y su esposa eran ya padres de cinco hijos y estaban esperando el sexto. Él trabajaba en una fábrica de sacos de yute, y le conocían en Vinalesa (Valencia) como un hombre de fe. Hacía Ejercicios espirituales a menudo y fundó en su ciudad el centro de Acción Católica. 

Cuando en la República se presionó a los trabajadores para afiliarse a los sindicatos republicanos, él animó a sus compañeros a apuntarse al sindicato católico, lo que le puso ya en el punto de mira. Asimismo, al suprimirse la enseñanza del catecismo en las escuelas, inmediatamente fundó en su parroquia una escuela para poder seguir enseñando la fe.  

Bautismo de sangre 

Así, cuando estalló la contienda, el jefe del comité rojo de Vinalesa manifestó que tenía embaucado a todo el pueblo y alrededores, y que por tanto había que hacerle desaparecer, «para dar fin a toda esta peste de olor a santo», como decía. Poco después le detuvieron para torturarlo, y en la madrugada del 28 de agosto de 1936 le subieron a un coche para matarlo. Al subir dijo a sus compañeros de martirio: «Preparémonos como buenos cristianos a recibir el bautismo de sangre». Primero mataron a sus compañeros, pero a él lo echaron vivo a un horno de cal encendido, situado en el término de Moncada

Juan Pablo II durante la beatificación del año 2001. Foto: Archivalencia.
Juan Pablo II durante la beatificación del año 2001. Foto: Archivalencia.

Ros forma parte de los más de 300 mártires de la diócesis de Valencia ya beatificados, aunque el número asciende a más de 600 si se tiene en cuenta también a todos los mártires de la persecución relacionados de alguna manera con la diócesis levantina, o ya en proceso de ser beatificados. 

Diócesis de mártires 

Para Ramón Fita, que fue hasta hace poco delegado de Causas de los Santos en Valencia y que ha llevado muchos de estos procesos, «todos estos testimonios dan fe de una diócesis muy viva». Además, «hay que tener en cuenta que en el inicio de la Iglesia valenciana está san Vicente Mártir, que aunque era de Zaragoza recibió el martirio en Valencia». 

Por este motivo, «Valencia es una Iglesia muy identificada con el fenómeno del martirio y de la entrega de la vida». Efectivamente, en el ADN diocesano está la clave de que «hay que ser fieles al Señor hasta el final, con una visión eclesial, amplia y ecuménica».