Pablo Tortosa: «El mejor socio de mi empresa es el Espíritu Santo»
«Las modas pasan pero Dios permanece», asegura el fundador de la marca de ropa Altarebrand, que está llenando las calles de mensajes cristianos
—¿Por qué decidió crear una marca de ropa cristiana como Altarebrand?
—Siempre he tenido una inquietud emprendedora, desde pequeño. En la universidad me planteé crear una marca de ropa, pero tenía claro que no quería hacer una más. Buscaba algo que tuviera un valor diferencial. Antes de Altare incluso estuve a punto de lanzar otro proyecto con un amigo, pero no salió adelante. Todo cambió en 2023, cuando hice un retiro de Effetá, en el que conocí por primera vez el amor de Dios.
—¿Qué pasó ahí?
—Hasta entonces no era practicante y no había experimentado esa relación con Él. Ese retiro coincidió con un momento muy duro de mi vida. Mi mejor amigo, Adrián, enfermó de cáncer y falleció a principios de 2024. Salí de allí con una fe muy viva y empecé a buscar ropa cristiana para llevar yo mismo. No encontraba nada que encajara con mi estilo: o era muy llamativa o tenía ilustraciones demasiado grandes. Pensé: «Si no existe, ¿por qué no crearla yo?».
—Y se animó…
—Durante mi Erasmus en 2025, sentí que era el momento de retomarlo. Tenía tiempo, ilusión y las circunstancias adecuadas. En julio publiqué el primer vídeo y en septiembre lanzamos la primera colección.

—¿Encontró apoyo para poner en marcha una empresa tan particular?
—El mayor apoyo siempre ha sido Dios. Siempre digo que mi mejor socio ha sido el Espíritu Santo. También mi familia ha sido fundamental. Mis padres, mi hermana Julia, mis primos… todos me han ayudado muchísimo, sobre todo aconsejándome, ayudándome a tomar decisiones y poniéndome los pies en la tierra. Empecé con mis propios ahorros y con lo que había aprendido durante la carrera de Digital Business. No soy diseñador, ni experto en logística ni en marketing. Si esto ha salido adelante, sinceramente, ha sido gracias al Espíritu Santo. Estoy convencido de que es Él el que está guiando este proyecto.
—¿Cómo está funcionando Altarebrand menos de un año después del lanzamiento?
—Muchísimo mejor de lo que imaginaba. Cuando empecé, sabía que la mayoría de las marcas de ropa no sobreviven al primer año, así que fui muy prudente. Sin embargo, la acogida ha sido muy buena. Los medios nos han dado mucha visibilidad, cada vez llegan más pedidos desde distintos lugares de España y el proyecto sigue creciendo.
—¿Cómo elige las frases que aparecen en las prendas?
—Durante todo el año voy apuntando frases que escucho en homilías, en podcasts, en libros o en redes sociales. Cuando llega el momento de preparar una nueva colección reviso todas esas notas y selecciono las que mejor encajan con el mensaje que quiero transmitir. Es un proceso muy rezado.
—¿Qué respuesta recibe de quienes llevan su ropa?
—La primera experiencia fue en un mercadillo de Madrid y me sorprendió muchísimo. Mucha gente nos decía que hacía falta una marca así y que le gustaba poder vestir su fe con naturalidad. Lo que más escuchaba era que había sido muy valiente al lanzar este proyecto. Pero yo siempre respondo lo mismo: valiente es quien actúa teniendo miedo. Yo nunca he sentido miedo porque me he sentido muy respaldado por Dios y por mi familia.

—Hace pocos años parecía impensable que tantos jóvenes llevaran con naturalidad mensajes cristianos en la ropa. ¿Qué ha cambiado?
—Creo que estamos viviendo un momento de crecimiento muy bonito de la fe entre los jóvenes. No me gusta llamarlo una moda, porque las modas pasan y Dios permanece. Movimientos como Effetá, Hakuna o LifeTeen han ayudado a que muchos jóvenes vuelvan a encontrar su lugar en la Iglesia. Hoy la gente quiere expresar quién es a través de la música que escucha, de lo que lee o de cómo viste. La fe también forma parte de la identidad de una persona y ahora cada vez hay menos miedo a mostrarla.
—¿Es compatible unir fe y negocio?
—Sí, siempre que Dios ocupe el centro y el dinero no se convierta en un ídolo. Algunas personas me han acusado de mezclar la fe con un negocio, pero la misión principal de Altare es evangelizar a través de la ropa. Queremos que cualquier persona pueda encontrarse con un mensaje de Dios sin necesidad de que nadie le diga una palabra. Para hacer eso hace falta una estructura, producir prendas, distribuirlas y mantener una empresa. Igual que cuando compras una Biblia no pagas por la Palabra de Dios, sino por todo el trabajo que hay detrás para que llegue a tus manos.
—El objetivo no es ganar dinero.
—En absoluto. Yo tengo mi trabajo aparte y todo el beneficio se reinvierte en la marca. Incluso hay productos cuyos beneficios se destinan íntegramente a causas solidarias. Lo único que deseo es hacer una obra buena, ayudar a evangelizar, que Jesús esté orgulloso de mí.