Pablo González, delegado episcopal de Cáritas Madrid: «Somos como el cirineo, ayudamos a cargar la cruz»
Pedir la intercesión del Padre para que su amor llegue a tantas víctimas afectadas por la situación de crisis y recibir la Gracia para ser instrumentos del amor de Dios: éste ha sido el motivo por el que centenares de beneficiarios, trabajadores, voluntarios y donantes de Cáritas Madrid se reunieron, el pasado martes, en la catedral de la Almudena, para celebrar junto con el cardenal arzobispo de Madrid, don Antonio María Rouco, la Misa de Envío del Día de la Caridad 2012, que es el próximo 7 de junio. Es un momento que se espera óptimo para la institución, tras ser galardonada con la Medalla de Oro de la Comunidad de Madrid, lo que supone un reconocimiento público y oficial de la labor de la institución eclesial al servicio de los más necesitados. Hablamos con su delegado episcopal, don Pablo González Díaz
El Día de la Caridad viene precedido de la celebración de la Eucaristía; un momento fuerte del curso. ¿El trabajo de Cáritas Madrid es inseparable de la Gracia recibida en la Eucaristía?
Es un momento fundamental en el curso para toda la familia de Cáritas Madrid, porque todos juntos —beneficiarios, trabajadores, voluntarios y donantes— bebemos de la fuente del amor de Dios. Sólo podemos atender de verdad a los pobres si sentimos el amor de Dios en nuestro corazón, indisolublemente unido a la celebración de la Eucaristía.
Este año, la misa ha sido especialmente dedicada a pedir por la sanación de los corazones de tantas personas que están sufriendo…
Así es. Esperábamos que la grave crisis no fuese tan larga, pero vemos, sobre todo cada vez que se publican los datos de la Encuesta de Población Activa, que aumentan las personas en paro, que las familias sufren situaciones cada día más graves… Detrás de estos números, hay personas que no tienen medios para sobrevivir. Es por ellos por los que oramos. De hecho, en las Vicarías se van a hacer Vigilias de oración con los afectados. Se necesita fortaleza ante la dificultad.

Ya se ha cumplido un año desde el Día de la Caridad de 2011, una campaña especialmente dura por la crisis en España. ¿Cómo han respondido en el transcurso de este tiempo los madrileños?
Han subido sustancialmente las donaciones por suscripciones y donativos. La sociedad madrileña es generosa; a pesar de que hay muchas familias pasándolo mal, hay conciencia de compartir. Los voluntarios también han crecido; ahora somos más de los que éramos hace 4 años, y el promedio de edad ha descendido.
Usted va a participar este sábado en la Jornada Joven de Nueva Evangelización, que ha organizado la archidiócesis de Madrid, con una charla sobre la evangelización a los más pobres. ¿La JMJ supuso un cambio en el voluntariado joven de Madrid?
Se nota algo en algún proyecto, pero no es fácil reclutar a los más jóvenes, porque están en una etapa de la vida en la que se dedican a formarse, y no tienen tiempo para más. Pero en la JMJ de Madrid 2011 se hizo una siembra bonita y esperamos una bonita recogida.

Ser voluntario o trabajador de Cáritas no es fácil: estar desbordados y no poder atender todas las peticiones que llegan cada día puede suponer una gran presión…
Si fuera por nuestras fuerzas, hace tiempo que estaríamos muy cansados y desanimados. Pero cuando vemos la fuerza del amor de Dios, y la vivenciamos en nuestro interior, recibimos la fuerza para amar lo imposible, a pesar de que no podamos llegar. El cristiano que vive pegado al sufrimiento de Cristo y la entrega de Dios, recibe el milagro de vivir lo imposible… ¿Cómo es posible que siga creciendo el voluntariado y los donativos? Porque Dios están en medio. Éste es el milagro de Cáritas, de tantos y tantos miles de personas que, cuanto más dan, más plenamente viven, porque comparten con el mismo Dios la posibilidad de entregarse. La gran familia de Cáritas es como el cirineo, que ayuda a cargar la cruz a los más necesitados.
Está claro que el trabajo de Cáritas Madrid ha sido valorado positivamente este año, incluso a nivel público, como ha quedado de manifiesto con la entrega de la Medalla de Oro de la Comunidad de Madrid. ¿Cómo se digiere este galardón?
Es un reconocimiento social que recoge los ecos que hay en el ambiente. Nosotros damos gracias a Dios, porque son muchas situaciones que se van paliando en Madrid gracias al trabajo de más de 7.000 voluntarios, repartidos por toda la geografía diocesana. Por ejemplo, se reparten, sólo en Madrid, 4.000 comidas todos los días… Con este galardón, se ha reconocido un voluntariado que trabaja porque tiene a Jesucristo en el corazón, y derrama el amor recibido trabajando con los más pobres.