Obispo de Cremona, enfermo con COVID-19: «Cristo está con los que mueren solos» - Alfa y Omega

Obispo de Cremona, enfermo con COVID-19: «Cristo está con los que mueren solos»

Monseñor Antonio Napolioni ha pasado diez días ingresado a causa de una neumonía relacionada con el Covid-19. Asegura que está siendo «una Cuaresma absurda pero en cierto sentido perfecta. La Cuaresma no es la belleza de los ritos sino el misterio profundo del mal, de la muerte y de la desesperación, que están ahí. Pero también está el Señor»

Redacción
Foto: VaticanNews

Monseñor Antonio Napolioni ha pasado diez días ingresado a causa de una neumonía relacionada con el COVID-19. Asegura que está siendo «una Cuaresma absurda pero en cierto sentido perfecta. La Cuaresma no es la belleza de los ritos sino el misterio profundo del mal, de la muerte y de la desesperación, que están ahí. Pero también está el Señor»

«La Pascua regenerará la esperanza y nos volverá a poner en camino». Con este mensaje difundido en las redes sociales saludaba monseñor Antonio Napolioni, obispo de Cremona, a sus diocesanos. Acababa de volver a casa después de pasar diez días ingresado por COVID-19. En una entrevista concedida a Avvenire, ha asegurado que «el arma más potente» ante esta nueva enfermedad «es mantenerse lúcido espiritualmente, confiarse al Señor, que es Padre también en estas situaciones». Junto a esto, aconseja a los enfermos «que se entreguen con confianza a quienes cuidan de ellos» y que mantengan «viva la esperanza».

El obispo pasó todo su tiempo en el hospital aislado. De esta experiencia, destaca la «lección de humanidad, competencia e impresionante dedicación» de todo el personal sanitario, además de su «garbo y estilo», bromea. Comparte también que los trabajadores le «pedían el apoyo de la oración» por ellos. Y se ha comprometido a continuar rezando.

Conoce bien las situaciones tan duras que se están dando en los centros hospitalarios. Ante la pregunta de la periodista Maria Chiara Gamba sobre los enfermos que mueren solos por el aislamiento, reconoce que «ciertamente desconcierta». Pero añade que «la realidad espiritual está tan encarnada que Cristo estaba ahí, mucho más» de lo que hubieran podido estar los familiares. Lo cual no le impide pedir «que el Señor consuele a todos».

Una nueva mirada a la realidad

Durante su ingreso, monseñor Napolioni contó con el acompañamiento «por teléfono» de los capellanes del hospital, y sintió «las oraciones de los fieles. El afecto de los demás obispos italianos ha sido extraordinario, algunos contactaban conmigo cada dos días». Lo que le lleva a reflexionar sobre cómo «está es la verdadera Iglesia, hecha de hombres sencillos, frágiles pero fuertes en la fe».

Por eso, en este contexto de pandemia el obispo de Cremona cree que la Iglesia debe ser «esa madre que custodia el sentido de la vida, y ese gran abrazo que te dice “mira, lo estamos consiguiendo”». Y, en cuanto a la sociedad en general, subraya que este tiempo de prueba comunitaria debe hacer que «algo cambie en la mirada de todos hacia la realidad», para no ser meros espectadores de la misma. «La obligación de estar en casa, de prestar atención a las acciones más elementales, de dejar una vida frenética, de mirarnos a los ojos, nos hace bien a todos», asegura.

Antes de ingresar con una neumonía, que luego se confirmaría que se debía al coronavirus, monseñor Napolioni había estado de visita pastoral. Fue entonces cuando comenzó a notar los primeros síntomas. En la entrevista, recuerda que al reflexionar durante los últimos meses sobre su ministerio episcopal había profundizado en la llamada a estar con la gente. «Pensaba en terremotos o inundaciones», como le había tocado vivir en las diócesis en las que había estado; «no en una pandemia viral. Es la vida la que nos pide compartir la realidad».

Y en esa realidad se incluye que esta «es una Cuaresma absurda pero en cierto sentido perfecta. Jesús está en el desierto durante 40 días, lucha contra el diablo. La Cuaresma no es la belleza de los ritos sino el misterio profundo del mal, de la muerte y de la desesperación, que están ahí. Pero también está el Señor. Hace falta reconocer su presencia».

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