Nuncio en Siria: «Por primera vez se vivirá la Semana Santa con las iglesias cerradas»

El COVID-19 ha llegado a una Siria donde la mitad de los hospitales está inutilizada, falta personal sanitario y ocho de cada diez personas viven bajo el umbral de la pobreza. El nuncio en el país, el cardenal Mario Zenari, comparte cómo a pesar de las dificultades, la población se solidariza con otras sociedades más afectadas por la pandemia

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Foto: AFP/Aaref Watad

El COVID-19 ha llegado a una Siria donde la mitad de los hospitales está inutilizada, falta personal sanitario y ocho de cada diez personas viven bajo el umbral de la pobreza. El nuncio en el país, el cardenal Mario Zenari, comparte cómo a pesar de las dificultades, la población se solidariza con otras sociedades más afectadas por la pandemia

En Siria, nueve años de guerra no sólo se han cobrado 380.000 víctimas mortales y han obligado a doce millones de personas a abandonar sus hogares. Además, han inutilizado la mitad de los hospitales y han causado carencia de agua, alimento y medicamentos. Ocho de cada diez personas viven bajo el umbral de la pobreza. Un panorama desolador de cara a la llegada del coronavirus, que según los datos oficiales ha contagiado a 19 personas, de las cuales dos han muerto.

Pero el cardenal Mario Zenari, nuncio apostólico en el país, en una entrevista con Vatican News, plantea abiertamente la duda de «si esto no constituye solo la punta del iceberg. Si la pandemia se propagase, sería una catástrofe inimaginable» en el escenario ya descrito, al que se suma la falta de personal sanitario y el hacinamiento de gran parte de la población desplazada en campos de refugiados.

Nuevas dificultades para seguir ayudando

La emergencia sanitaria –explica el representante del Papa en el país– ha obligado a las iglesias a cerrar sus puertas, aunque «se intenta continuar con los programas caritativo-asistenciales, si bien con gran dificultad». No solo por la pandemia y el cierre de fronteras, sino también por la crisis política y económica en el vecino Líbano, que ya obligó hace unos meses a suspender algunos proyectos por los problemas para recibir fondos.

Esta situación no impide que en este país la población se solidarice con las sociedades que sufren de forma más fuerte la pandemia. El país «se siente solidario con el sufrimiento de todo el mundo. Muchos expresan su sincera solidaridad hacia los italianos y todos los contagiados». En algunos lugares, como la iglesia franciscana de Alepo, esta solidaridad se ha manifestado en diversas iniciativas de oración.

El propio nuncio reconoce que estos días repite con mucha frecuencia la letanía «de la peste, el hambre y la guerra, líbranos, Señor», el Bajo tu amparo y oraciones pidiendo la intercesión de los santos Cosme y Damián, médicos que curaban de forma gratuita a los pobres en lo que ahora es el norte del país.

Aldabonazo contra la indiferencia

En estos tiempos, entre la labor social de la Iglesia destaca el trabajo de tres hospitales católicos, uno ortodoxo y varios dispensarios de diversas confesiones. «Pero, ¿qué es esto para tanta gente?», se pregunta el cardenal citando el Evangelio de la multiplicación de los panes. La pobreza de estos medios –añade– se ve agravada por el descenso en las donaciones que se reciben tanto de particulares como de instituciones y países de la comunidad internacional. Algo que atribuye a que «la gente y los medios ya no están tan interesados en la tragedia que vive la población siria».

Por ello, el nuncio ha dado la bienvenida a la petición del secretario general de la ONU, Antonio Guterres, de un alto el fuego global y del levantamiento de las sanciones internacionales contra algunos países para permitirles combatir mejor el COVID-19. El Papa se sumó a petición el domingo 29 de marzo. «Esta terrible pandemia, que causa tanto miedo entre la gente y preocupación entre los responsables de las naciones, debería –apunta el nuncio– constituir una ocasión para hacer callar de una vez las armas en Siria y lograr una solución política equitativa. Sería imperdonable si fuera otro fracaso».

Foto: CNS

«Toda la humanidad vive la Pasión del Señor»

A la espera de ver qué fruto da esta petición, los cristianos sirios se preparan para vivir la Semana Santa y la Pascua, por primera vez en iglesias cerradas. Algo que no ha ocurrido en ningún momento durante la guerra, cuando se asumía «el riesgo de bombas y morteros» y se intentaba minimizar el peligro adaptando los horarios de la liturgia. Pero el cardenal no duda de que será una ocasión de unirse a los cristianos de todo el mundo, en «el misterio de la Pasión del Señor que está viviendo, en este dramático momento, toda la humanidad».

El cardenal Zenari recuerda cómo en 2012, un año después del comienzo de la guerra, un sacristán de Homs preguntó al párroco dónde preparar el monte Calvario para la liturgia de Viernes Santo. El sacerdote le animó a extender una cuerda rodeando todo el barrio. «Hoy esa cuerda debería ser muy larga, de miles de kilómetros: todo el perímetro de Siria, y para abrazar también todas las regiones del mundo afectadas por el COVID-19. El cartel de “Calvario” debe colgarse sobre todo el globo terráqueo». Pero este sufrimiento culminará –anuncia el nuncio– en una Resurrección en el que el sonido de las campanas se mezclará con el de las ambulancias.

Al profundizar en la lectura de tanto problema desde la fe, el nuncio se muestra convencido de que «el Señor siente una profunda compasión viendo el sufrimiento que desde hace casi diez años padece Siria y el drama de tantas personas contagiadas por el coronavirus en tantas partes del mundo». El sufrimiento de los inocentes «sigue siendo un misterio para nosotros, como muchas veces ha repetido el Papa Francisco. Pero es cierto que la compasión de Dios no es lejana e inerte, sino que actúa, aunque quizás no de manera milagrosa. A veces de formas que no imaginamos». Una de ellas puede ser a través de los «cientos de miles o millones de personas generosas» y anónimas «que se conmueven», y que el conflicto sirio ha hecho emerger. «Algún día será necesario tratar de recordarlos, a poder ser a todos».

Vatican News/Alfa y Omega