Nueva alerta en el Congo
La guerra terminó oficialmente hace 9 años, pero en el antiguo Zaire, la gente sigue muriendo. El foco del conflicto está ahora en Goma, al este del país. El Centro Salesiano Don Bosco ha acogido a nueve mil refugiados. Los obispos africanos advierten del peligro de una nueva catástrofe humanitaria
La situación, a principio de semana, parecía estabilizada en Goma. Pero el misionero italiano Piero Gavioli no se fía. «Se ven camiones, cargados de guerrilleros, partir hacia el norte», confirma el director del Centro Salesiano Don Bosco Ngangi, situado a 5 km. de Goma. Pero «la situación es de falsa tranquilidad, porque cada noche hay saqueos, personas asesinadas, como si los milicianos del M23 quisieran retirarse a casa con un botín de guerra, hecho de dinero, aparatos electrónicos, vestidos y sillas….», asegura Gavioli. En cualquier instante, la situación puede volver a estallar. Los refugiados, por el momento, permanecen con los salesianos.
A finales de noviembre, lanzaron la voz de alarma los presidentes de las Conferencias Episcopales y los obispos presidentes de las organizaciones de las Cáritas nacionales en 34 países de África, que firmaron una declaración en la que condenan el asalto de la ciudad de Goma por parte de los rebeldes del M23. Para los obispos, este asalto convierte a «miles de hombres, mujeres y niños» en «víctimas de la violencia de una guerra que le ha sido impuesta» por intereses ajenos.
Una guerra que ha llevado a conocer al nordeste de la República Democrática del Congo como la capital mundial de la violación, debido a la gran cantidad de delitos sexuales cometidos. Una de las últimas violaciones la sufrió en Goma «la hermana de un estudiante de Medicina que nos echa una mano en el dispensario del centro. La chica de 11 años fue secuestrada por hombres armados, mientras caminaba por el campo con su tía. La encontraron 3 ó 4 días después, violada y, todavía hoy, bajo el shock, no habla», relata el misionero Piero. «¿Por qué?», se pregunta.
Coltán, un recurso de muerte
Los obispos africanos, en su nota, denuncian «la explotación ilegal de los recursos naturales, que es la principal causa de esta guerra». Las provincias del nordeste de la República Democrática del Congo, especialmente los Kivu fronterizos con Ruanda y Uganda, poseen el 80 % de las reservas mundiales de coltán, un recurso natural que se emplea para el desarrollo de las nuevas tecnologías, las estaciones espaciales, la fibra óptica o los condensadores y otras partes de la telefonía móvil. El ansia de control de los minerales de la región azuzó la guerra que vivió la región entre 1998 y 2003, y que dejó alrededor de 4 millones de muertos.
A pesar de que el conflicto terminó oficialmente hace ya 9 años, todavía hoy, grupos rebeldes, como el M23, acusados de tener apoyo financiero y logístico de Ruanda, campan a sus anchas, provocando continuas escaramuzas, que han elevado la cifra de muertos hasta los 5 millones. A su vez, Ruanda ha sido acusada del expolio y el tráfico de las riquezas minerales del Congo.

Pero este conflicto no sólo afecta a la República Democrática del Congo y a Ruanda. De hecho, se le ha conocido como la guerra mundial africana, por la implicación de diversos países africanos, así como de naciones y compañías multinacionales occidentales, que se sirven de las guerrillas, según ha documentado la ONU.
Guerrilleros del M23
El último punto y aparte de esta interminable y desgarradora batalla se produjo el pasado julio, cuando el M23 tomó el control de parte de la provincia de Kivu Norte. Ya en noviembre, el ejército congoleño atacó a los rebeldes y ellos reaccionaron avanzando posiciones hasta las puertas de Goma, capital provincial fronteriza con Ruanda. Tras unas negociaciones fallidas, el pasado día 20, el M23 entró y ocupó Goma, provocando el desplazamiento de cientos de miles de personas.
Tan sólo en el Centro Don Bosco de Goma, atendido por los misioneros salesianos, han sido acogidos 9.000 refugiados que buscaban cobijo frente a la insistencia de los guerrilleros del M23 por avivar las ascuas de la guerra. A pesar de la situación y del miedo, la gente quiere volver a sus casas, por lo que «estamos buscando camiones en los que poder trasladar a la población», asegura el director Piero Gavioli.
Los obispos firmantes del documento piden a la ONU, a la Unión Africana, a la Unión Europea, a los Gobiernos implicados en la guerra, así como a las empresas multinacionales del sector de la minería, que encuentren «una solución justa y concertada para poner fin definitivamente al sufrimiento de la población civil en el este de la República Democrática del Congo, evitando arrojarlos a la desesperación y la violencia».
José Calderero
María Pazos