No tengáis miedo, Yo soy vuestro garante ante el Padre - Alfa y Omega

No tengáis miedo, Yo soy vuestro garante ante el Padre

Domingo de la 12ª semana de tiempo ordinario / Mateo 10, 26-33

Ana Almarza Cuadrado
Ilustración: rawpixel.com.

Evangelio: Mateo 10, 26-33

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse.

Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea.

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la «gehenna». ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones.

A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos.

Comentario

En el Evangelio de este domingo del tiempo ordinario Jesús nos exhorta a no tener miedo, a confiar que todo lo que viene de Dios es bueno y a caminar con seguridad porque el Padre nos cuida de forma personal. Hoy se nos invita a proclamar abiertamente, desde la azotea, el evangelio, como presencia viva que transforma, si le dejamos, nuestra vida, y nos fortalece e impulsa a vivir en la luz. Jesús nos insta claramente a comprometiéndonos, a testimoniar con nuestra vida sus palabras: A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos.

Hoy, en este breve pasaje de Mateo, Jesús nos repite hasta tres veces «No tengáis miedo», desde el principio de la elección de sus seguidores hasta el día de hoy nos anima a afrontar la persecución y el rechazo como consecuencia de proclamar su Mensaje. El «no tengáis miedo», que hemos escuchado una y otra vez en el evangelio, está enmarcado en el contexto de la Misión, Jesús sabe que su mensaje va a provocar persecución, no entendimiento, es un mensaje que va a contra corriente del mundo, rompe esquemas.

No tengáis miedo. El miedo, en muchas ocasiones, es utilizado como una de las herramientas de manipulación, sometimiento y control más eficaces tanto en el ámbito individual como en el social y en el religioso. El miedo, Jesús lo sabe, puede actuar en sus seguidores bloqueando el pensamiento y activando respuestas para protegernos: No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en «gehenna». El miedo facilita que las personas tomemos decisiones impulsadas por la inseguridad, el miedo puede ser utilizado para manipular y someter, en algunas ocasiones se ha podido, incluso manipular la divinidad para ponerla al servicio de intereses egoístas, hacer seguidores sumisos, Jesús sabe que el miedo inducido es el instrumento más eficaz para dominar a los demás y Jesús nos quiere libres, valientes, con decisión clara para anunciar un mensaje de amor, de igualdad. 

Jesús nos pide que saquemos la verdad a la luz, que lo que experimentamos y se nos transmite en el dialogo y encuentro con Él es para compartirlo abiertamente, confiando totalmente en Él, porque nada puede cambiar de su amor. Jesús, con su vida no es la garantía de que todo va a ir bien, sino la seguridad de que Él estará ahí en todo momento dándonos vida en abundancia.

La vida tiene un valor infinito. Dios nos conoce y valora tanto que cuida incluso de los detalles más pequeños, «hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados». Dios es el Padre de entrañas de misericordia que está implicado y comprometido con nuestra vida, con la vida de todo lo que ha creado «¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre». 

Ante estos breves versículos, puedo preguntarme, ¿creo de verdad que la voluntad de Dios sobre mí es lo mejor que me puede pasar, aunque venga envuelta de amenazas, acontecimientos que no entiendo, enfermedades…? Si de verdad creo que Dios en este momento de mi vida está recreándome y está involucrado en mi existencia, ¿me abandono en sus manos para que sea en mi lo que él quiera? Si de verdad creo que, vistas desde Dios, las criaturas no se distinguen del creador, ¿surge en mí un sentimiento de seguridad, de confianza, por ser hijo, hija de Dios?