«No somos traidores a la patria. Y a la fe, jamás» - Alfa y Omega

«No somos traidores a la patria. Y a la fe, jamás»

El provincial de los capuchinos en el Líbano espera que la beatificación de los mártires Leonard Melki y Thomas Saleh fortalezca a los cristianos de Oriente Medio en su «vocación» de «permanecer aquí y vivir el amor y el perdón»

María Martínez López
Cierre de la fase diocesana de la causa de canonización en Baabdad, en 2009. Foto: Leonardmelki.org

En la primavera de 1895, Yousef Habib Melki y Geries Hanna Saleh partían con otros tres amigos de la aldea maronita de Baadbat (Líbano) para ingresar en el convento capuchino de San Stefano, en Estambul (Turquía). Ya con los nombres de fray Leonard y fray Thomas siguieron unidos hasta 1908. Y pronto serán beatificados juntos, tras reconocer el Papa Francisco la semana pasada su martirio durante el genocidio desatado en el Imperio otomano en 1915. 

Aunque se ha acuñado el término de genocidio armenio, «fue una persecución contra todos los cristianos», explica a Alfa y Omega Abdallah Noufaily, provincial capuchino en el país. Reconoce estar «un poco preocupado» porque Turquía o los musulmanes «puedan no entender el significado» de la beatificación: «Un evento religioso para alabar la fe de fray Thomas y fray Leonard, no algo político ni una acusación contra nadie», apunta Antoine Haddad, capuchino libanés y asistente de la causa de canonización. 

Sin obviar el anticristianismo de algunos líderes de los Jóvenes Turcos, en el poder desde 1909, el desencadenante de esta masacre con dos millones de víctimas fue la Primera Guerra Mundial. El régimen, aliado de las potencias centroeuropeas, no tardó en identificar a los cristianos como cómplices de Francia. El siguiente paso, en noviembre de 1914, fue la expulsión de los religiosos extranjeros y el cierre y expropiación de sus colegios, hospitales y monasterios. Fray Leonard dirigía el colegio de Mardin. Rechazó la oferta de Thomas de instalarse en Diarbakir para no abandonar a un anciano fraile que no podía viajar. 

Fueron meses de expulsiones del convento y regresos, saqueos y registros en busca de cañones y bombas. «Era el pretexto habitual», explica Haddad. La situación empeoraba con rapidez. Los cristianos fueron expulsados del Ejército y de sus puestos de funcionarios. Y entre abril y mayo de 1915 se crearon las milicias que ejecutarían el genocidio.

Melki enseñaba Francés y Música. Foto: Fares Melki

El convoy de la muerte

El 4 de junio comenzaron los arrestos masivos en Mardin. A fray Leonard le llegó el turno un día después. Sufrió palizas, lo arrastraron escaleras abajo por la barba, lo colgaron de los pies y le arrancaron las uñas. El día 11, junto con el obispo católico armenio Ignacio Maloyan (beatificado en 2001) y varios religiosos más, fue encadenado y puesto a la cabeza de uno de los varios convoyes de cristianos llevados a pie al desierto para ser asesinados. En total, más de 700 personas. Al llegar a un lugar solitario, a los 400 que iban con Melki se les ofreció por última vez la opción de apostatar. El obispo, coreado por todos, respondió: «Estamos en manos del Gobierno, y moriremos por Jesucristo. Nunca hemos sido traidores a la patria. Y no traicionaremos nuestra fe jamás». Fueron ejecutados durante los días siguientes.

El provincial capuchino espera que su beatificación sea una oportunidad de dar a conocer su figura entre los cristianos de Oriente Medio, de forma que su «ejemplo» los fortalezca para no abandonar su tierra, ya sea por la crisis económica o por la persecución. «Nuestra vocación es permanecer aquí, vivir el amor y el perdón, dar testimonio del Evangelio y mantener la esperanza».

Por esconder a un armenio

Es probable que Leonard Melki no hubiera corrido mejor suerte con su amigo Thomas Saleh en Diarbakir. En diciembre de 1914, el convento capuchino fue cerrado y los frailes huyeron a Orfa. Allí estuvieron a salvo durante lo más crudo de la persecución. Hasta que, a finales de 1916, se descubrió que Saleh había acogido a un sacerdote armenio, el padre Vartan. Todos fueron detenidos y enviados a una marcha de la muerte en pleno invierno. Saleh Murió el 18 de enero de 1917 de tifus.