«No me voy a Honduras solo, me voy con el Señor»

Aunque nació en Plasencia lleva toda su vida en Madrid. Antonio Hernández se va por primera vez de misión a Trujillo…

Laura Ucelay
Antonio (en el centro) junto a sus compañeros del curso de formación misionera. Foto: Archivo personal de Antonio Hernández

Aunque nació en Plasencia lleva toda su vida en Madrid. Antonio Hernández se va por primera vez de misión a Trujillo

Antonio, a pesar de que no se va con ningún otro misionero, habla siempre en plural: «No me voy solo, me voy con el Señor. Con su esperanza y con su fuerza». Su amor por Dios es lo que le ha movido a tomar la decisión a los 55 años de dejar a su hijo, familia y amigos durante tres años. El misionero cuenta que se quedó sin trabajo, «pero creo que eso entraba en los planes del Señor. Vi que quería otros menesteres para mí», afirma el madrileño. También tomó esta decisión debido a que, para él, «el darme a los demás es el amor de Dios. Salir en su búsqueda y que el salga a mi encuentro es lo que me anima, pero siempre con Él. Él fue quien me eligió», señala Antonio.

Él tenía algunas preferencias de destino, «tenía que ser Latinoamérica porque no hablo idiomas, y si quieres llevar la buena nueva del testimonio tienes que saber comunicar», afirma el misionero. Entre sus preferencias estaban Honduras, El Salvador, Nicaragua y, en general, América central. Seis de cada diez habitantes en Honduras, son pobres según el Banco Mundial: «Soy consciente de que me voy a encontrar con mucha pobreza y muchas cosas relacionadas con el Señor en Honduras. No sé todavía cuál será mi función, pero sé que hay muchos proyectos» en los que colaborar, aclara el misionero.

Antonio realizó un curso intensivo de formación misionera el año pasado con la Delegación de Misiones, y asegura que «todas las personas con las que hice el curso ya tienen destino, algunos a Latinoamérica también». Este jueves, Antonio coge un vuelo con destino a Honduras: «No voy a dar para recibir, sino que voy por el amor del Señor», termina el misionero.

Laura Ucelay Zárate