El cardenal Cobo ordena a 10 diáconos: «Siempre seréis servidores del pueblo de Dios» - Alfa y Omega

El cardenal Cobo ordena a 10 diáconos: «Siempre seréis servidores del pueblo de Dios»

«Jesús nos amó sirviendo y nos enseñó a servir por amor en humildad», ha destacado el arzobispo de Madrid durante su homilía, en la que ha invitado a los diáconos a hacer lo mismo

Luis Miguel Modino
Los nuevos ordenados. Foto: Javier Ramírez.

La catedral de Santa María la Real de la Almudena acogió en la tarde del 23 de mayo de 2026 la ordenación de 10 diáconos de la archidiócesis de Madrid. Ocho de ellos formados en el Seminario Conciliar: José Ignacio Basabe Ramos, Alfonso Blanco García, Óscar Jesús Concejal Hernández, Lucas Gaudiosi, Javier Lillo García, Isaac Mercenario Lucas, Álvaro Simón García y Álvaro Solé Torrecilla, y Marcelo David Britez Jorge y Wojciech Filip Snela, formados en el Seminario Redemptoris Mater.

Ordenados en el Espíritu de Pentecostés

Una celebración presidida por el arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo Cano, que contó con la participación de una buena representación del clero de Madrid, así como familiares, amigos y miembros de las diversas parroquias por las que han ido pasando los que fueron ordenados a lo largo de sus años de formación.

En la solemnidad de Pentecostés, el cardenal Cobo destacó que más que una celebración anual, este «es el momento en que todo comenzó porque la promesa de Jesús se cumplió. El Espíritu Santo descendió sencillamente, y la Iglesia nació para iluminar y poder llevar la esperanza hasta los confines de la tierra. Se inauguró el tiempo del Espíritu».

En palabras del arzobispo, hoy, «seguimos siendo parte de esa historia viva pues llega hasta aquí», dado que «es el mismo Espíritu quien anima y construye la Iglesia, haciendo de todos nosotros, bautizados, instrumentos y piedras vivas de un edificio espiritual, de un templo vivo», como nos recuerda la Primera Carta de Pedro.

Cobo durante la homilía. Foto: Infomadrid.

El tiempo de los bautizados

En esa perspectiva, subrayó que «Pentecostés inaugura el tiempo de los bautizados, nuestro tiempo. El del pueblo santo de Dios que participa de la misión encomendada por Jesús: ser sus testigos hasta los confines del mundo. Ser sus testigos hoy en medio de esta sociedad y de esta Iglesia de Madrid, anunciando a todos la Buena Nueva del Evangelio, construyendo espacios de paz y ofreciendo esperanza y sentido para la vida no solo a los que están, sino también a los que aún no se han acercado».

Es el mismo Espíritu de Pentecostés el que «viene sobre vosotros que vais a ser ordenados diáconos», hizo ver el cardenal, como dice el rito de consagración: «envía sobre ellos, Señor, el Espíritu Santo». Una presencia del Espíritu que hace a la Iglesia ministerial, diaconal, en la que en el bautismo todos somos llamados a servir, reflexionó el presidente de la celebración. De hecho, «la Iglesia no puede existir sin ser diakonía», subrayó. Una actitud que también aparece en el contexto de la institución del ministerio presbiteral, donde «Jesús lavó los pies y nos mandó que hiciéramos nosotros también lo mismo, constituyendo así el carácter diaconal de toda la Iglesia, de cada bautizado».

Jesús servidor de todos

De hecho, Jesús «comenzó siendo ‘diácono’, servidor de todos». Y es que «Jesús nos amó sirviendo y nos enseñó a servir por amor en humildad, situándose abajo, a los pies», afirmó el arzobispo, recordando las palabras del papa Francisco. Un servicio que evita que el ministerio se vuelva estéril, que «se convierta en profesión, donde solo cuenta la agenda, la programación, los horarios, las prisas, la eficacia, pero donde no hay miradas compasivas, ni sorpresas que hacen salir de nosotros, ni una sonrisa de ternura, ni abrazos de acogida».

Sabiendo que son ordenados diáconos en orden al sacerdocio, el arzobispo les recordó que «siempre seréis diáconos, servidores del pueblo de Dios». Una ordenación que no es un ascenso, sino una muestra de que «toda la Iglesia es servidora». Una centralidad del servicio que debe estar presente en todas las comunidades, especialmente a los más pobres y abandonados, como nos recuerda el Documento Final del Sínodo sobre la Sinodalidad.

Eso demanda injertarse en el misterio de Cristo servidor, recordó el arzobispo, para recordar que «en la Iglesia debe prevalecer siempre la lógica del servicio y del abajamiento y no del poder o la prepotencia, porque Jesús siendo de condición divina se abajó hasta hacerse servidor de todos». Un ser ordenado que «nunca se vive ni se ejerce en solitario». Por ello, insistió en que «se os envía a ser servidores y constructores de la comunión eclesial dentro de un mismo presbiterio al que perteneceréis», y combatir el individualismo, que hace crecer la soledad, el aislamiento y el cansancio interior, y hace a la misión estéril.

Aprender a renunciar

Una ordenación que tiene como consecuencia que «ya no os pertenecéis», hizo ver el cardenal, pues «el servidor aprende cada día a renunciar a su propia persona y a sus proyectos personales», y acoge los planes de la comunidad parroquial, del arciprestazgo, de la Iglesia diocesana, pues el Señor Jesús «vivió siempre de cara al Padre y no en sí mismo».

Recordando que todo ministro ordenado es arcilla, el cardenal José Cobo invitó a rezar por los nuevos diáconos. Igualmente, al hilo de la secuencia del Espíritu Santo, recordó la necesidad de que el Espíritu, «sane nuestros corazones enfermos de egoísmo, de incomprensión y desencuentros; y nos conceda corazones acogedores, necesitados del cuidado de los demás». También que infunda «calor de vida en el hielo de la soledad y el individualismo, que engendre relaciones sensibles y cálidas, que nos haga constructores de paz y amistad social».

En vísperas de la visita del Santo Padre a Madrid, el arzobispo llamó a los diáconos a alzar la mirada para que el Espíritu les llene de su fortaleza, ilumine sus mentes y haga arder el corazón, les envíe a servir a los más pobres y alejados, con la promesa de que hay más alegría y felicidad en dar que en recibir.