No hay vidas de segunda - Alfa y Omega

El Día Internacional de las Personas con Discapacidad nos representa a todos. No es un tópico decir que todos tenemos capacidades y discapacidades, y tanto unas como otras se van descubriendo o manifestando a lo largo de nuestra vida. Algunas discapacidades son muy limitantes y suponen no solo una dificultad añadida a los problemas de la vida, sino un reto ante la sociedad, por la incoherencia y doble cara de un sistema que considera que hay vidas de segunda.

La discapacidad se les detecta a algunas personas antes de nacer, o se presenta a causa de un accidente o enfermedad en la infancia, juventud o edad adulta, y todos la experimentamos en la ancianidad y final de nuestra vida. En cada una de estas etapas, la dificultad es inmensa. El diagnóstico prenatal y las diversas técnicas para detectar la enfermedad, salvo excepciones, se utilizan para ir a la caza de un nuevo ser humano y quitarle la vida cuanto antes. De hecho, los padres que quieren incondicionalmente a sus hijos, sanos o enfermos, se enfrentan a veces a una verdadera carrera de obstáculos y a la incomprensión y la soledad. En las propias leyes del aborto, tanto en la de 1985 como la de 2010, existe un supuesto y plazo especial para poder matar a estos hijos enfermos, lo que supone discriminación para vivir, quitándoles la vida con más facilidad que al resto.

Esto se repite no solo al principio de la vida, sino también ahora con la Ley de la Eutanasia. Se señala la discapacidad y la enfermedad como motivos para no seguir viviendo, algo que incluso quieren presentar como un favor que se les hace a ellos y a la sociedad. Se les niega la atención y tratamiento que palie y trate su dolor, no solo el físico. No es justo que tengan que suplicar y hacer campañas continuas para conseguir un apoyo a la dependencia, para que se investiguen y se traten sus patologías, para gozar de los mismos derechos que como ser humano tienen en nuestra sociedad.

Y hay otra discapacidad más terrible: la de una sociedad y unos gobernantes incapaces de velar por el bien común y de utilizar todos los recursos personales y materiales al servicio de la vida humana, especialmente la más vulnerable.

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