«No estábamos tan alerta en aquellos días como lo estamos ahora» - Alfa y Omega

«No estábamos tan alerta en aquellos días como lo estamos ahora»

Pell, sobre quien no pesa ninguna sospecha de cometer abusos sexuales a menores, ha sido citado a declarar en relación a decenas de casos de pederastia ocurridos entre las décadas de 1960 y 1980 en las sureñas ciudades de Ballarat, donde nació y trabajó de sacerdote, y Melbourne, donde fue arzobispo. «La Iglesia en muchos lugares, y ciertamente en Australia, ha estropeado las cosas y ha decepcionado a la gente», declaró el prefecto de la Secretaría para la Economía del Vaticano. «No estoy aquí para defender lo indefendible», puntualizó

Redacción

Pell, sobre quien no pesa ninguna sospecha de cometer abusos sexuales a menores, ha sido citado a declarar en relación a decenas de casos de pederastia ocurridos entre las décadas de 1960 y 1980 en las sureñas ciudades de Ballarat, donde nació y trabajó de sacerdote, y Melbourne, donde fue arzobispo. «La Iglesia en muchos lugares, y ciertamente en Australia, ha estropeado las cosas y ha decepcionado a la gente», declaró el prefecto de la Secretaría para la Economía del Vaticano. «No estoy aquí para defender lo indefendible», puntualizó

George Pell, prefecto de la Secretaría para la Economía del Vaticano, admitió este domingo «enormes errores» de la Iglesia católica frente a las denuncias de abusos sexuales a menores en Australia.

«La Iglesia en muchos lugares, y ciertamente en Australia, ha estropeado las cosas y ha decepcionado a la gente», declaró el cardenal ante la comisión australiana que analiza la respuesta institucional a las denuncias por abuso sexual a menores en el país oceánico.

«No estoy aquí para defender lo indefendible», puntualizó Pell. Esta es su tercera declaración frente a la comisión, la segunda desde que fue nombrado en febrero de 2014 prefecto de la Secretaría de Economía de la Santa Sede.

El prelado, que intervino desde Roma por videoconferencia y que está previsto que prosiga mañana con su declaración, ha sido citado en relación a decenas de casos de pederastia ocurridos entre las décadas de 1960 y 1980 en las sureñas ciudades de Ballarat, donde nació y trabajó de sacerdote, y Melbourne, donde fue arzobispo.

En una comparecencia de cuatro horas, Pell, quien no pudo viajar a Australia por motivos de salud, repitió que su frágil memoria no le permite recordar hechos y que no tenía entonces la información suficiente.

Lo que sí reconoció es que en el seno de la Iglesia Católica existía una tendencia generalizada a no dar crédito a las denuncias de los menores en una época en que se buscaba «proteger de la vergüenza a la institución».

«No estábamos tan alerta en aquellos días como lo estamos ahora», comentó Pell sobre la respuesta de la Iglesia Católica frente a las conductas pederastas de algunos de sus miembros.

El cardenal indicó que desconoce el número exacto de denuncias vinculadas a abusos sexuales atribuidos a miembros de la Iglesia Católica de Ballarat, que implica al menos a seis sacerdotes de la Congregación de los Hermanos Cristianos que trabajaron en escuelas de esta ciudad.

Pell reconoció que en la Iglesia Católica muchas de las quejas fueron descartadas y, en algunos casos, bajo circunstancias escandalosas.

«Debo decir que en aquellos días si un sacerdote negaba este tipo de actividades, yo me inclinaba fuertemente a aceptar su negación», manifestó al referirse a los rumores de las actividades pederastas de monseñor John Day, quien fue acusado en 1971 y 1972 de asalto indecente a niños cuando fue sacerdote en Mildura.

Asimismo, Pell aseguró que no tenía conocimiento que el exobispo de Ballarat, Ronald Mulkearns, enviaba al extranjero a los sacerdotes que habían cometido ofensas sexuales para someterlos a tratamientos psicológicos.

El prefecto de la Secretaría de Economía, sobre quien no pesa ninguna sospecha de cometer abusos sexuales a menores, vivió en la década de 1970 en un seminario con el sacerdote pederasta Gerald Ridsdale, quien cometió decenas de abusos contra más de 50 menores cuando trabajaba como capellán en el colegio St Alipius de Ballarat entre las décadas de 1960 a 1980.

Pell reconoció que el traslado de Gerald Ridsdale de parroquia en parroquia fue «una catástrofe» tanto para las víctimas como para la propia Iglesia.

EFE/Alfa y Omega