¿Cómo se las arreglan la izquierda y sus medios para que ni siquiera se vuelva a citar y pueda quedar prácticamente silenciado lo que no les interesa que se comente, por interesante que sea, como la imputación por el Supremo de nada menos que dos ex Presidentes del PSOE, Chaves y Griñán? Puebla los ha pintado en ABC con largas colas de cocodrilo, de cara al mar, y contemplando el crEREpúsculo. Ha escrito Luis Ventoso que «los andaluces se merecen descansar de un partido que ha firmado 37 años de fracaso. Probar, al menos una vez, con otra cosa»; pero ¿está seguro de que quienes los han mantenido en el machito durante nada menos que 37 años, que se dice pronto, se merecen de verdad otra cosa?

Ciertamente son tantas y tan gordas las cosas que ocurren, en España y fuera de España, que no da uno abasto, a la hora de tratar de asimilarlas, y mucho menos de digerirlas. No es fácilmente digerible, por ejemplo, el genocidio permanente del aborto provocado, o el del terrorismo fundamentalista y fanatizado que extermina a cristianos por el simple hecho de serlo, y que no suscita conmovedoras manifestaciones ni pancartas de: Yo soy copto. Como ha escrito lucidísimamente Antonio Burgos, «los islamistas pueden decapitar a cristianos, de tres en fondo, que como no son caricaturistas ni franceses, no passssa nada». Y J.A. Méndez ha hecho, a través de la red, la pregunta del millón a todos los que fueron Charlie: «¿Sois también coptos?» Silencio sepulcral, y nunca mejor dicho, por toda respuesta.

Al cierre de este número de Alfa y Omega, nuestros amadísimos políticos debaten en el Parlamento sobre el estado de la nación, y lo primero que cabe preguntarse es: «¡Ah, ¿pero hay nación?!» Lo que pueda quedar de ella está, claramente, desde luego, en varios estados: comatoso, intolerable, efervescente, desmoralizado, asqueado, cutre, primaveral, depende, electorero, pasota, relativista y segurísimo que inseguro a más no poder. Cómo será la cosa que JM Nieto, el humorista de ABC, que últimamente está sembrao, ha pintado a dos fantasmones ante el ordenador y uno le dice al otro: «Siento tener que decirte esto: hay gente que sólo tiene vida en las redes sociales». Por supuesto: mucha, pero muchísima gente…, y lo peor es que creen que la vida y la muerte virtuales, la del móvil, la tele y la tableta de Internet, son reales. Es lo de aquel hijo de unos amigos míos que cuando vio, por vez primera en su vida, a un pollo en una granja gritó asustado: «¡Mira, papá, un pollo crudo!»

Los arúspices y demás arriolas anuncian, a bombo y platillo, el final del bipartidismo político, mientras ya hay miles de españolitos –trabajadores ellos y ellas, esperanzados e ilusionadísimos todos– frotándose las manos porque ya huelen a sus amiguetes «que nos pueden facilitar algún chollito que otro». La economía manda en la campaña electoral, ya se sabe que quien paga manda, pero España es no algo más, sino mucho, muchísimo más que economía, y por no ser ni siquiera conscientes de ello, así nos luce el pelo a todos. Hay pujoles, partidos y programas que son puro bla, bla, bla; otros que son sólo bla, bla, y alguno que es simplemente bla. En algunos partidos, por vergüenza torera, debería estar terminantemente prohibido pronunciar palabras como limpieza u honradez. Y si esto ocurre con los viejos zorros políticos con cola de cocodrilo, ¿qué decir de los nuevos aspirantes que ya tienen manchada la moqueta antes de pisarla? A estas alturas de la película, visto lo visto, sólo seguirán engañando a quienes quieran dejarse engañar.

Ha llovido lo suyo y ha habido muchas sacudidas sísmicas desde que, primero la mujer de Lenin, aquel lince, y luego Gramsci, otro lince y no precisamente ibérico, dijeron aquello tan deslumbrante de que «lo único que nos interesa es el alma de los niños». En dominar esta asignatura teórica y práctica hay que reconocer que se superan unos a otros con intentos de tomadura de pelo como el de prometer, en campaña electoral, defender la vida, y decir que se cumple tal promesa, legislando que las chicas de 16 años no puedan asesinar al hijo que han concebido, sin el permiso expreso de sus padres. Cinco años sin que el Tribunal Constitucional haya resuelto un recurso que él mismo consideró de urgente tramitación. ¿A qué le llamarán urgencia esos señores? «¡Aquí no se fusila al amanecer!», explica freudianamente el Rector de la Complutense. No; aquí sólo se mata a ciento diez mil niños indefensos en el vientre de su madre ¡cada año!…

Diego de Torres Villarroel