¿Cómo es posible que El Roto pueda tener toda la razón del mundo en la viñeta que ilustra este comentario? ¿Cómo es posible que haga más de un año desde que los descerebrados de Boko Haram raptaron a doscientas chicas y éstas sigan sin aparecer y nadie mueva un dedo para devolverlas a sus familias? ¿Cómo es posible que el Mediterráneo se haya convertido en una creciente fosa común y que las mafias repugnantes sigan negociando con vidas humanas impunemente? ¿Cómo es posible que el Santo Padre haya tenido que levantar su voz para denunciar la inicua globalización de la indiferencia? Los estallidos de solidaridad son nobilísimos, pero estallidos. ¿Cómo es posible que los países más ricos de la civilizada Europa, la de los intereses, estén dispuestos a aportar algún dinero más, pero, perdidos u olvidados los principios cristianos de sus raíces, los del bienestar del Norte digan: Aquí que no nos traigan a los supervivientes de las pateras, y que no nos compliquen la vida? ¿Cómo es posible que no se quiera entender que la única manera de resolver los problemas es desarraigar sus causas, en los sitios de origen, y no poner parches a sus consecuencias? ¿Cómo es posible que tanto listillo de guardarropía y de tertulia de todo a cien sea capaz de deslumbrantes diagnósticos teóricos sobre tantos agobiantes problemas de todo orden, pero no haya nadie capaz de llevarlos a la práctica sanadora del quirófano moral, económico, político, cultural, racional en una palabra? ¿Cómo es posible que casi todos los que no dejan de hablar, sin hacer nada, sigan diciendo que los de las pateras, que no tienen papeles, registrados como números, pero han podido pagar a los mafiosos, son los andrajosos del siglo XXI, y ni siquiera piensen en los verdaderos andrajosos, que son millones de seres humanos que no pueden pagar nada a los mafiosos, ni a nadie, porque ni tienen papeles ni tienen nada? ¿Cómo es posible que se pueda seguir preguntando, hasta mañana si Dios quiere, cómo son posibles tantas y tantas y tantas otras intolerables, injustas, insoportables cosas? ¿No sería mejor un mínimo de sentido común, en vez de tantos minutos de silencio?

Se acaban de cumplir cien años del genocidio sufrido por los armenios a manos de los turcos, y, un siglo después, millones de seres humanos están siendo víctimas indefensas e inocentes de otro genocidio; hay un denominador común, del que nadie quiere hablar, entre un genocidio y otro: las víctimas de aquel eran cristianos, como lo son la de éste, pero eso, por lo que se ve, es lo de menos… y no sólo para los Bardem y Goytisolo. El flamante nuevo Premio Cervantes afirmó, cuando se lo concedieron a Umbral: «Estoy dispuesto a firmarlo ante notario: no pienso aceptar el premio Cervantes nunca». ¡Hay que ver lo que son capaces de lograr ciento veinte mil euros! Como ha escrito en ABC Ignacio Ruiz-Quintano, «entre el cheque y el chaqué, el cheque». El tal agarbanzado Goytisolo, que parece habernos hecho el favor de aceptar esos ciento veinte mil euros tan aprovechables en algo más útil, ha demostrado que, pasados los ochenta, se puede ser un perfecto cantamañanas (Podemos), pero nos está muy bien empleado a todos los que lo toleramos, empezando por los organizadores, muñidores y palmeros varios, que, a bajarse los pantalones lo llaman modular, o que se quedan con la boca abierta de bobalicona admiración ante artículos manifiestamente mejorables, por no decir deleznables, como el que el Nobel Vargas Llosa ha escrito en El País, bajo el título El poder de la blasfemia. Menos mal que el director de la Fundación Vocento le ha dado réplica adecuada en una Tercera de ABC.

Y, metidos en la harina de criticar lo que se escribe, está en los quioscos de toda España una nueva colección de libros, Vidas de santos, editada con todo lujo, pero que se presenta como un recorrido popular por la historia del arte, con mucha publicidad y gran difusión –hagámosle a la editorial el favor de silenciar su nombre–; ha comenzado con una pretendida biografía de san José, el padre terrenal de Jesús, inspirada en los evangelios apócrifos. El texto es sencillamente lamentable. Si todos los demás libros de la colección van a estar tan documentados como éste, más sensato será seguir quedándonos, sobre san José, con lo que textualmente dicen de él los evangelios no apócrifos. Es muy poco, pero insuperable.

Veo en una portada de ABC que Maduro se suma a la campaña a favor de Otegui. Dios los cría y ellos se juntan…

Diego de Torres Villarroel