Mujeres presas a Francisco: «Con mis alas quebradas te recibo, Papa amigo»

El Santo Padre visitará este martes la cárcel de San Joaquín, en Santiago de Chile. Allí, la hermana Nelly León dirige un equipo que ofrece a las 600 internas ayuda básica para ellas y sus familias, formación, ayudas para la reinserción y un camino hacia el perdón. También los guardias participan en la pastoral, lo que ha suscitado un trato mucho más respetuoso, e incluso cómplice, hacia las presas

María Martínez López
Foto: REUTERS/Pablo Sanhueza

El Santo Padre visitará este martes la cárcel de San Joaquín, en Santiago de Chile. Allí, la hermana Nelly León dirige un equipo que ofrece a las 600 internas ayuda básica para ellas y sus familias, formación, ayudas para la reinserción y un camino hacia el perdón. También los guardias participan en la pastoral, lo que ha suscitado un trato mucho más respetuoso, e incluso cómplice, hacia las presas

«Soy un ave atrapada con un dolor escondido, y con mis alas quebradas te recibo, Papa amigo». Así comienza la canción, compuesta por ellas mismas, que las internas del centro penitenciario de San Joaquín (Santiago de Chile) cantarán este martes para el Papa Francisco, en la primera jornada completa de su visita al país.

La visita del Papa comenzó a fraguarse durante la Navidad de 2016, durante la tradicional Misa que celebra el cardenal Ricardo Ezzati, el arzobispo de Santiago de Chile. Una de las internas le entregó un regalo en nombre de todas, y el cardenal le respondió apenado: «Yo no tengo nada que regalaros».

«Ella le respondió que, si el Papa visitaba algún día Chile, fuera allí a verlas. ¡Y así ha sido!», celebra la hermana Nelly León, religiosa del Buen Pastor y responsable del equipo de pastoral de la cárcel. También es la fundadora de Mujer, Levántate, una fundación que trabaja junto con el equipo de pastoral para la reinserción de las mujeres convictas.

Doble castigo por ser madres

En este centro viven unas 600 mujeres, la mayoría (55 %) condenadas por tráfico de droga a pequeña escala, y el resto sobre todo por robos, en muchos casos vinculados al consumo de droga. «Son las mujeres más pobres entre las pobres –explica la religiosa–. No tienen educación ni han tenido trabajo, vienen de familias muy disfuncionales, tienen hijos siendo muy jóvenes, y de relaciones afectivas poco duraderas. Las que trafican con drogas lo hacen para subsistir».

El perfil en esta cárcel femenina es muy similar al que se podría encontrar en una masculina, salvo por un detalle fundamental: «Las mujeres sufren un doble castigo, por la separación de sus hijos. Una presa nunca deja de ser mamá, siempre se preocupa y se siente responsable de sus pequeños. Quieren hacerles llegar las cosas que las llevamos, aunque sea un simple champú».

Pastoral también es dar compresas

En efecto, la labor de la hermana Nelly y su equipo (25 agentes de pastoral y diez voluntarias) empieza con lo más básico: dar a las presas útiles y productos de higiene personal básica, como jabón o compresas; una necesidad básica que «no está cubierta por la prisión».

Más allá de estos bienes básicos, el equipo de pastoral y de la fundación Mujer, Levántate ofrece a las internas talleres de habilidades sociales, desarrollo humano y formación profesional, así como terapia, y una escuela de perdón y reconciliación para que «tomen conciencia de que han perjudicado a otros y de que ellas y sus hijos han sido sus primeras víctimas, y así puedan perdonarse a sí mismas».

La Iglesia también ayuda a las mujeres a cuidar la relación con su familia. «En Navidad y en el Día del Niño, por ejemplo, traemos a los hijos de todas. Y también hacemos campañas para recoger material escolar para los niños cuando va a empezar el colegio, que es algo que preocupa a las mamás».

Solo reincide el 4 %

El apoyo continúa cuando las mujeres salen de prisión a través de la fundación Mujer, Levántate. Desde 2008, 450 mujeres se han beneficiado de la estancia en el hogar que tiene. Son, sobre todo, mujeres extranjeras, de fuera de Santiago de Chile, o sin nadie que las ayude.

En la casa, un grupo de psicólogas y asistentes sociales las preparan para la vida independiente y las ayudan a buscar trabajo. De las mujeres atendidas, solo han reincidido el 4 %, en contraste con el 45 % de reincidencia entre las exinternas que no han recibido esta ayuda.

Los guardias, «cómplices»

Toda esta labor, realizada sin descanso durante los últimos 13 años, ha fomentado una relación muy buena con las autoridades penitenciarias. Contribuye a ello también el hecho de que la hermana Nelly no se ocupa solo de las internas, sino también de los guardias y funcionarios. Con ellos tienen un grupo que se reúne cada 15 días para un desayuno de reflexión y compartir, seguido de la Misa.

Esta labor, además de ayudar al personal, ha suscitado en los trabajadores «un trato más digno y respetuoso hacia las internas: me ayudan a conseguir las autorizaciones necesarias, por ejemplo, para celebrar la Misa del Gallo o la Vigilia Pascual fuera del horario reglamentario. Cuando alguna interna tiene a un familiar interno intentan ayudar para que salga a verlo; o, si fallece, dan facilidades para que puedan traer el cuerpo al centro y podamos tener alguna celebración aquí».

María Martínez López