Muere Augusta, la niña que visibilizó la prostitución infantil en Sierra Leona

La prostitución era «el único camino que tenía para sobrevivir», decía Augusta, la niña de Sierra Leona que logró salir de ese mundo gracias a los salesianos. Acaba de fallecer de sida en su país, por miedo de que al ir al hospital a recibir los retrovirales pudiera contagiarse de coronavirus

Alfa y Omega
Foto: Misiones Salesianas

La prostitución era «el único camino que tenía para sobrevivir», decía Augusta, la niña de Sierra Leona que logró salir de ese mundo gracias a los salesianos. Acaba de fallecer de sida en su país, por miedo de que, al ir al hospital a recibir los retrovirales, pudiera contagiarse de coronavirus

Augusta Ngombu tenía solo 23 años. Huérfana desde niña, explotada y maltratada por un familiar, huyó de casa para sobrevivir en la calle vendiendo su cuerpo para poder comer. Los salesianos le salvaron la vida, le pagaron los estudios y fue capaz de montar su propia empresa de comidas. Augusta falleció el domingo, víctima del sida, aunque ha sido una víctima indirecta del coronavirus: el miedo a contagiarse en el hospital la llevó a dejar de tomar los retrovirales para su enfermedad. Su salud se fue deteriorando en los últimos meses hasta que falleció.

Augusta nació en una aldea de Sierra Leona. A los 12 años sus padres murieron y una falsa tía la llevó a la gran ciudad con la promesa de darle un hogar, familia y escuela. No cumplió ninguna de sus promesas y la puso a trabajar más de doce horas al día vendiendo agua y fruta en la calle. Siguieron los abusos, los golpes, los insultos cuando no vendía lo suficiente o cuando faltaba alguna moneda. Lo peor llegó una noche, cuando el hombre de la casa quiso abusar sexualmente de ella.

La única solución para Augusta fue escapar a las calles de Freetown, donde encontró a unas amigas que la introdujeron en el mundo de la prostitución infantil: «Es el único camino que tienes para sobrevivir», decía.

Un día, una trabajadora social de la organización de los salesianos Don Bosco Fambul la encontró durmiendo debajo de una mesa. Al principio le costó confiar, pero gracias a ese primer contacto, logró años después terminar la Secundaria y aprender a cocinar. Con el tiempo montó una pequeña empresa de venta de comida en eventos y reuniones y soñaba con abrir su propio restaurante en el corazón de Freetown «para dar trabajo a otras chicas que hayan pasado por el mismo infierno que yo».

Foto: Misiones Salesianas

El año pasado, participó en una gira europea con el documental Love, que daba visibilidad a la situación de las niñas prostituidas de Freetown. Tuvo un encuentro con el presidente del Parlamento Europeo, con la presidenta de Malta, con el rector mayor de los Salesianos y con el mismo Papa Francisco. «Fue el día más feliz de mi vida», decía Augusta al recordar el encuentro con el Pontífice, a quien hizo llegar el testimonio de las niñas de Don Bosco Fambul que quieren salir de la prostitución y a quien pidió la bendición para todas ellas.

En palabras de Jorge Crisafulli, director de Don Bosco Fambul, «la muerte se ha llevado a Augusta en su mejor momento. Realizó su sueño y nos dejó un mensaje muy claro: que siempre hay una segunda oportunidad en la vida. Ella lo logró, y por eso otras chicas pueden seguir su huella. Nos deja un gran legado».

Alfa y Omega/Misiones Salesianas