Mil años de paz recibirán al Santo Padre en su cita con la vida religiosa
«Es un encuentro no con los monjes, sino con la convicción de que ponerse en las manos de Dios da sentido a la vida», afirma el padre Bernat Juliol, portavoz de la comunidad benedictina
Incrustada entre las rocas, la abadía de Montserrat exuda paz dentro y fuera de sus muros milenarios. «Fue en el año 1025 cuando el abad Oliva, que era el superior del monasterio de Ripoll, fundó un pequeño monasterio en la montaña de Montserrat, en el lugar en el que ya existía una pequeña ermita dedicada a la Virgen», resume para Alfa y Omega el padre Bernat Juliol, portavoz de la comunidad.
Precisamente el enclave, marcado por la presencia religiosa y por la devoción mariana, será visitado el próximo miércoles 10 de junio por el Papa cuya primera palabra al salir al balcón de la logia, aquel 8 de mayo de 2025, fue «paz». «¡La paz esté con todos ustedes!», clamó.
Con estos antecedentes, y un primer año de pontificado marcado por la sucesión de guerras y tensiones en todo el mundo —Irán, Líbano, Israel, Sudán, Ucrania…—, Juliol intuye que una de las claves del paso de León XIV por la abadía será el tema de la paz. «Supongo que será uno de los mensajes que nos deje ese día», asegura el portavoz.
A pesar de ello, el rosario que presidirá el Santo Padre en el santuario mariano no tiene una intención oficial específica, como sí tuvo el que rezó el pasado sábado —al final del mes de mayo— en la gruta de Lourdes de los Jardines Vaticanos y el que convocó para el pasado 11 de abril en la mismísima basílica de San Pedro. «Basta ya de la guerra», pidió el Papa entonces.
De la Misa a la mesa
La visita a la abadía, sin embargo, no comenzará con la oración mariana, sino con la bienvenida del abad, Manel Gasch. Tras el saludo, está programada la plegaria. Al acabar, el Pontífice pronunciará un discurso y «se asomará al balcón de la fachada principal del monasterio para saludar a los peregrinos que no hayan podido entrar en la basílica», explica el padre Bernat. El acto público concluirá con el canto de la salve y el Virolai a cargo de la escolanía. «Es el himno a la Virgen de Montserrat. Es muy popular, incluso los niños y las niñas lo aprenden en la escuela. La mayor parte de la población se lo sabe y lo canta de memoria».
A partir de ahí, comenzará una segunda parte de la visita, que «será más privada». León XIV se quedará a comer con la comunidad benedictina, que tiene preparado un almuerzo que el portavoz define como «sencillo, como sabemos que son los almuerzos monásticos, pero también festivos, porque no todos los días viene el Papa a comer a casa». De hecho, el último Pontífice que pasó por allí fue san Juan Pablo II en 1982.
Broche del milenario
El almuerzo fraterno con los monjes, lejos de ser un detalle menor, se configura como el único encuentro específico con la vida religiosa durante toda su viaje a España, más allá del que mantendrá con sus hermanos agustinos en la Nunciatura apostólica al día siguiente de aterrizar en Madrid.
No obstante, para el padre Bernat este detalle no encierra tanto un mensaje ad intra, hacia la vida religiosa, sino más bien ad extra. «Su presencia aquí creo que lanza un mensaje de esperanza al mundo», afirma el monje. «Es un encuentro no con los monjes, sino con la convicción de que ponerse en las manos de Dios da sentido a la vida y nos impulsa para caminar hacia el futuro», añade.
La presencia del Papa en Montserrat, además, pone el broche de oro perfecto al milenario que el monasterio acaba de celebrar. Las celebraciones se alargaron durante todo el año 2025 bajo el lema Ora, lege, labora, rege te ipsum in communitate (Reza, estudia, trabaja, domínate a ti mismo en comunidad). «Es el legado que esperamos que permanezca. Habla de la importancia de la oración, de la cultura, del dominio de uno para ser libre y vivir de acuerdo con unos principios, y, por último, de la comunidad». Al final, «el mandato que nos dio Dios de querernos los unos a los otros solo lo podemos hacer en comunidad, ya sea en una comunidad monástica o, por ejemplo, familiar», concluye el religioso.