Mensaje final del Sínodo: Iglesia evangelizada, Iglesia evangelizadora - Alfa y Omega

Mensaje final del Sínodo: Iglesia evangelizada, Iglesia evangelizadora

Iglesia evangelizada, Iglesia evangelizadora. La fórmula empleada en Madrid por Juan Pablo II podría perfectamente servir de síntesis del Mensaje al Pueblo de Dios del Sínodo de los Obispos sobre la nueva evangelización

Redacción

Iglesia evangelizada, Iglesia evangelizadora. La fórmula empleada en Madrid por Juan Pablo II podría perfectamente servir de síntesis del Mensaje al Pueblo de Dios del Sínodo de los Obispos sobre la nueva evangelización

Se ha presentado el Mensaje al Pueblo de Dios de la XIII Asamblea General Ordinaria del Sinodo de los Obispos (7-28 octubre 2012), dedicado al tema La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana.

Los obispos parten del pasaje evangélico que narra el encuentro de Jesús con la samaritana en el pozo: es la imagen del hombre contemporáneo con una ánfora vacía, que tiene sed y nostalgia de Dios, y hacia el que la Iglesia debe dirigirse para hacerle presente al Señor.

El Mensaje resalta la necesidad de una conversión para que sea posible la nueva evangelización: si la fe de los cristianos no se revive, corre el riesgo de oscurecerse en los contextos culturales actuales. Se necesitan comunidades vivas, que hagan resplandecer la belleza de la fe.

La situación que se presenta en el mundo es difícil, según recoge el documento. En muchos países, la Iglesia es perseguida; en otros, debe hacer frente a un fuerte secularismo, pero los obispos rechazan cualquier tentación de pesimismo. Por el contrario, fenómenos como la globalización o las migraciones constituyen oportunidades de evangelización. También la propia «desertificación espiritual» denunciada por el Papa ofrece nuevas oportunidades, ya que el hombre busca respuestas en medio del desierto y el vacío. «Hoy son muchos los pozos que se ofrecen a la sed del hombre, pero conviene hacer discernimiento para evitar aguas contaminadas», dice el documento. «Es urgente orientar bien la búsqueda, para no caer en desilusiones que pueden ser ruinosas».

En otro momento, los obispos describen así la misión de la Iglesia: «Es nuestra tarea hoy el hacer accesible esta experiencia de Iglesia y multiplicar, por tanto, los pozos a los cuales invitar a los hombres y mujeres sedientos y posibilitar su encuentro con Jesús, ofrecer oasis en los desiertos de la vida. De esto son responsables las comunidades cristianas y, en ellas, cada discípulo del Señor. Cada uno debe dar un testimonio insustituible para que el Evangelio pueda cruzarse con la existencia de tantas personas. Por eso, se nos exige la santidad de vida».

«No se trata de encontrar nuevas estrategias como si el Evangelio hubiera que difundirlo como un producto de mercado, sino de redescubrir los modos con los que las personas se acercan a Jesús», se explica.

Toda la Iglesia está llamada a evangelizar

Destaca la atención que el documento presta a la misión de la Iglesia como lugar natural de la evangelización, que debe ser sostenida por la Iglesia, la política y la sociedad. El mensaje cita también la vida consagrada, testimonio del sentido ultraterrenal de la existencia humana, y las parroquias como centros de evangelización; recuerda la importancia de la formación permanente para los sacerdotes y los religiosos e invita a los laicos (movimientos y nuevas realidades eclesiales) a evangelizar permaneciendo en comunión con la Iglesia. La nueva evangelización acoge favorablemente la cooperación con las otras Iglesias y comunidades eclesiales, también ellas movidas por el mismo espíritu de anuncio del Evangelio. Se presta particular atención a los jóvenes, en una perspectiva de escucha y de diálogo para recuperar, y no mortificar, su entusiasmo.

También se subraya la importancia del diálogo con la cultura, a través de una nueva alianza entre fe y razón; con el arte; con el mundo de la economía y el trabajo; con los enfermos y los que sufren; con la política…

En la última parte, el mensaje mira a las Iglesias de las distintas regiones del mundo y a cada una de ellas les dirige palabras de aliento para el anuncio del Evangelio: a las Iglesias de Oriente les desea que puedan practicar la fe en condiciones de paz y de libertad religiosa; a la Iglesia de África le pide que desarrolla la evangelización en el encuentro con las antiguas y las nuevas culturas, haciendo después un llamamiento a los gobiernos para que cesen los conflictos y la violencia. Los cristianos de América del Norte, que viven en una cultura con muchas expresiones lejanas del Evangelio, deben mirar a la conversión, a ser abiertos para acoger a los emigrantes y refugiados. Se invita a América Latina a vivir la misión permanente para hacer frente a los desafíos del presente como la pobreza, la violencia, también en las nuevas condiciones de pluralismo religioso. La Iglesia en Asia, aun cuando es una pequeña minoría a menudo relegada al margen de la sociedad y perseguida, es animada y exhortada a mantenerse firme en la fe. Europa, marcada por una secularización también agresiva y herida por regímenes pasados, ha creado sin embargo una cultura humanística capaz de dar rostro a la dignidad de la persona y a la construcción del bien común; las dificultades del presente no deben por tanto abatir a los cristianos europeos, sino que deben ser percibidas como un reto. A Oceanía se le pide que sienta de nuevo el compromiso de anunciar el Evangelio.

El mensaje se cierra encomendándose a María, «Estrella de la Nueva Evangelización».

Mensaje al Pueblo de Dios del Sínodo de los Obispos, para descargarlos en formato .pdf, haga click aquí.

VIS/Alfa y Omega