«Me mola el Dios del padre Garralda»

La fundación Padre Garralda-Horizontes Abiertos conmemora el primer aniversario de la muerte de su fundador

María Martínez López
El padre Garralda, junto a María Matos, durante su visita a los presos del centro penitenciario de Segovia. Foto: Fundación Padre Garralda-Horizontes Abiertos

La fundación Padre Garralda-Horizontes Abiertos conmemora el primer aniversario de la muerte de su fundador

A veces, un premio es mucho más que el trofeo. «Es la primera vez que hago algo bueno por mí mismo –aseguró Fernando (nombre cambiado) hace tres semanas al ganar un torneo de pimpón–. Y encima me dan un premio, me abrazan y aplauden. Esto se lo ofrezco a Dios y a mis padres. Muchísimas gracias al padre Garralda y a la fundación» Horizontes Abiertos. Lo rodeaban trabajadores y voluntarios, además de drogodependientes y exreclusos en rehabilitación como él, atendidos en el hogar de esta entidad en Las Tablas. Nadie pudo contener la emoción.

El torneo es una de las iniciativas de la fundación para conmemorar el primer aniversario de la muerte del jesuita Jaime Garralda, el 30 de junio de 2018. El jueves 20 se celebró un partido de fútbol con la colaboración del Real Madrid, entre exreclusos y jugadores de los equipos filiales, y se ha creado un coro y un grupo de rock. El evento central será la Eucaristía que presidirá el arzobispo de Madrid, cardenal Osoro, este martes a las 20:00 horas en la parroquia del Sagrado Corazón y San Francisco de Borja (Serrano, 104).

Una capilla para el padre Jaime

María Matos, cofundadora y presidenta de Horizontes Abiertos, reconoce que «este año ha sido duro y triste» para el personal y, muy especialmente, para los 1.600 beneficiarios de sus distintos proyectos. Entre ellos se encuentran 200 expresos, drogadictos en rehabilitación, madres encarceladas con sus hijos, enfermos terminales abandonados y menores infractores que viven en una docena de centros.

Los profesionales y voluntarios se han esforzado por estar especialmente presentes para compensar el vacío dejado por el carismático sacerdote. Y los residentes han vivido su pérdida con mucha fe. «Jaime siempre les decía que el Padre nunca los iba a abandonar –recuerda Matos–. Saben que era un hombre de Dios y los sigue ayudando. Le rezan, y nos propusieron construir ellos mismos una capilla en el jardín del centro de Las Tablas».

Continuar… y crecer

Colaboradora del padre Garralda desde hace cuatro décadas, a su sucesora la sigue moviendo «la ilusión de que este sueño que nos ha dejado no solo tenga continuidad, sino que crezca». En ello juega un papel fundamental la planificación para que los proyectos sean sostenibles («tenemos 200 personas a las que dar de comer»), además de la formación para «adaptarnos a las nuevas necesidades que surgen». Una de sus prioridades es la prevención. «Queremos reforzar actividades como las visitas de colegios, porque la droga de ahora sigue siendo muy peligrosa: es barata, de síntesis, no se sabe cómo está mezclada… y se le ha perdido el miedo».

Dentro de este afán por garantizar la continuidad, Matos hace hincapié en el deseo de los responsables de la fundación de no abandonar, sino más bien reforzar, sus raíces jesuíticas. «Nos encantaría poder formar parte de la familia ignaciana y estar unidos a la Compañía de Jesús; tenerla como compañera de camino, como nos dijo el anterior prepósito general, Adolfo Nicolás. Nuestra inspiración es el Evangelio según la perspectiva de san Ignacio de Loyola. Así nos lo enseñó el padre Jaime». Una identidad que no deja indiferente, y que cuando todavía vivía Garralda hizo afirmar a una mujer presa: «Yo no creo en Dios ni en los curas. Pero si por ese Dios está aquí el padre, pienso que ese Dios existe. Y, ¿sabes qué? Me mola».

María Martínez López