Más de 200 seminaristas - Alfa y Omega

Más de 200 seminaristas

Nuestro cardenal arzobispo ha escrito una Carta pastoral, con motivo del Día del Seminario de 2012, en la que dice:

Antonio María Rouco Varela
Un grupo de seminaristas madrileños rezan en la capilla.

Cercana la solemnidad del glorioso Patriarca San José, la Iglesia diocesana se dispone a celebrar el Día del Seminario. Como es sabido, el Seminario es la institución que tiene encomendada la formación de los futuros sacerdotes que, más adelante, servirán a nuestras comunidades cristianas. En sus aulas, bajo la solicitud pastoral del obispo, primer representante de Cristo en la formación sacerdotal, con la colaboración del equipo de sacerdotes formadores y a la luz del Espíritu Santo, los seminaristas van creciendo en su configuración personal con Jesucristo, Buen Pastor, disponiéndose a recibir en su día las Órdenes sagradas.

Dada la importancia y significación del Seminario en la misión de la Iglesia diocesana, es responsabilidad y tarea de ésta acompañar con la oración, el afecto y la oportuna colaboración a los candidatos al ministerio sacerdotal. El Día del Seminario ofrece a todos vosotros, fieles cristianos de Madrid, la oportunidad de conocer más de cerca su realidad actual, sus logros, dificultades y esperanzas, y de prestar a nuestros futuros presbíteros el calor del afecto y la solidaridad cristianos que estimule su camino de entrega al Señor y a los hermanos. En el curso actual, son más de doscientos los seminaristas que integran nuestros Seminarios, el Conciliar y el misionero Redemptoris Mater; cada seminarista es fruto de una iniciativa original del Señor, que ha querido salir a su encuentro.

Están vivos todavía entre nosotros los ecos e impresiones de la Jornada Mundial de la Juventud, celebrada el pasado mes de agosto. ¡Cómo olvidar la imagen inédita de aquel Madrid multicolor, rebosante de jóvenes de todos los pueblos y culturas, testimoniando su fe en la eterna juventud de Cristo y su devoción filial al sucesor de Pedro! Efectivamente, la JMJ constituyó una experiencia luminosa de la catolicidad y la apostolicidad de la Iglesia: cerca de dos millones de jóvenes, acompañados por sus pastores y confirmados en la fe y en el testimonio por la presencia y la palabra del Papa Benedicto. Entre los innumerables jóvenes, se contaban más de cinco mil seminaristas de todas las latitudes. A aquellos, y a los futuros sacerdotes de manera especial, se dirigía la exhortación del Santo Padre: «No se puede encontrar a Cristo y no darlo a conocer a los demás. Por tanto, no os guardéis a Cristo para vosotros mismos. Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe».

En las intervenciones del Papa Benedicto, era constante la llamada a los jóvenes a vivir la vocación cristiana con todas sus consecuencias. Y la palabra y el testimonio del Papa en la JMJ son una apremiante invitación a secundar su siembra vocacional: parroquias y movimientos, comunidades y fieles cristianos… Todos estamos requeridos a revitalizar la vida cristiana y a movilizar las mejores disposiciones para que la llamada del Señor al seguimiento apostólico sea proclamada, escuchada y generosamente obedecida. ¿Acaso la escasez de vocaciones sacerdotales no es una muestra de debilitamiento de la fe, o de mediocridad de vida cristiana? La medicina contra el cansancio de creer que señalaba el Santo Padre aludiendo a la JMJ, debe sanar y fortalecer en todos —personas, familias, parroquias y movimientos— el crecimiento en santidad, en generosidad y en alegría cristianas, de manera que nuestros jóvenes aprendan a acoger en su corazón la llamada de Cristo y a seguir con valentía y disponibilidad el camino que Él les proponga. El Espíritu Santo, protagonista por antonomasia de su formación, hará posible la identificación con Cristo Pastor con el don de un corazón sacerdotal en el día de su ordenación presbiteral.

Algunos seminaristas escucharon la voz del Señor en su infancia o adolescencia, y, acompañados por el Seminario Menor, han crecido y madurado en la vocación hasta ser capaces de responderle con una decisión generosa y consciente. Nuestro Seminario Menor sigue acogiendo y educando las semillas de vocación sembradas en niños y adolescentes, ofreciéndoles también la posibilidad de una residencia en la que aprendan a crecer como discípulos de Cristo con otros compañeros en edad e inquietudes similares.

Pasión por el Evangelio

Mientras llega el momento tan deseado de la ordenación sacerdotal, los futuros presbíteros, llamados a intervenir decisivamente en la nueva evangelización, crecen en pasión por el Evangelio, como reza el lema del Día del Seminario. Como comunidad fraterna de discípulos, cultivan las cualidades humanas necesarias para alcanzar una personalidad equilibrada y resistente, responsable y libre; se ejercitan en la relación personal con Dios en Jesucristo, uniéndose a Él en profunda intimidad para llegar a ser un hombre de Dios; con la dedicación al estudio se esfuerzan por conocer y comprender la estructura interna de la fe en su totalidad, de manera que se convierta en una respuesta a las preguntas de los hombres, y se insertan progresivamente en las acciones pastorales de la Iglesia como una verdadera y propia iniciación a la sensibilidad del pastor.

«…Hacer el bien es algo hermoso, es hermoso ser para los demás. Sólo se necesita atreverse a dar el salto»: que estas bellas palabras del Papa Benedicto iluminen la mirada sobre nuestros seminaristas y os ayuden a comprender sus anhelos más hondos y genuinos: vivir para los demás como su Señor y Maestro en la entrega de la vida. El Día del Seminario, muchas parroquias recibiréis su visita. Estoy seguro de que los acogeréis con toda clase de atenciones, y daréis por ellos las gracias al Señor. Sed generosos, además, en vuestra aportación económica para los múltiples gastos derivados de su mejor y más cuidada formación. Y rogad a Dios, por intercesión de nuestra Madre, la Virgen de la Almudena, para que, en las parroquias, movimientos y familias cristianas, fructifique la siembra del Papa Benedicto en la Jornada Mundial de la Juventud con abundancia de vocaciones sacerdotales.