Más allá de las migraciones: los obispos de México, EE. UU. y Canadá se plantean una entidad regional

Más allá de las migraciones: los obispos de México, EE. UU. y Canadá se plantean una entidad regional

En el encuentro regional de representantes de las tres conferencias episcopales en México se compartió el impacto de las deportaciones masivas en Estados Unidos, la violencia en México o cómo en Canadá son los migrantes quienes vitalizan muchas parroquias

María Martínez López
Foto de familia del encuentro. Foto: El Visitante de Puerto Rico.
Foto de familia del encuentro. Foto: El Visitante de Puerto Rico.

«Ningún migrante es un extraño para la Iglesia: en quien deja su tierra buscando seguridad y dignidad vemos el rostro mismo de Cristo que camina», han asegurado los obispos de México, Estados Unidos y Canadá. Representantes de las tres conferencias episcopales se reunieron de lunes a viernes en Cuernavaca (Morelos, México) para abordar los ámbitos de acción conjunta que comparten sus Iglesias. Pero, más allá de cuestiones concretas, también estuvo presente en el horizonte la posibilidad de crear una organización conjunta.

Uno de los temas claves abordados fue el de las migraciones, cuestión recurrente desde hace tiempo. «No es solo una cuestión de fronteras, sino de rostros: detrás de cada política hay familias», subraya el comunicado final.

Al estar juntos pastores de los países de origen, tránsito y destino, pudieron mirar «las dos orillas» en «un ejercicio profundamente enriquecedor», asegura el texto. Los obispos de Estados Unidos describieron cómo en los últimos tiempos la frontera sur «se ha cerrado casi por completo —incluso para quienes huyen de naciones en guerra— y se han puesto en marcha programas de deportación masiva». Esto conlleva «miedo y preocupación» y la desestabilización de las comunidades locales «por la separación de familias» y la falta de protección legal.

A nivel social, además, «se ha perdido la distinción entre la falta civil y el delito, de modo que la sola condición de migrante sin documentos tiende a considerarse un crimen, cuando en realidad constituye una falta de carácter civil». Todo ello ha sembrado miedo y preocupación en las comunidades locales, desestabilizadas por la separación de familias que han quedado expuestas y sin la protección de la ley.

Los obispos «identificaron iniciativas comunes que, como propuestas para fortalecer los caminos de colaboración, serán presentadas a sus respectivos consejos permanentes para su discernimiento y, en su caso, aprobación».

¿Hacia un organismo común?

Al margen de la cuestión migratoria, los obispos de los tres países norteamericanos abordaron también los retos de la inteligencia artificial, la evangelización y «las posibilidades de colaboración pastoral entre las Iglesias en México, en Estados Unidos y en Canadá».

Por ejemplo, se plantearon «iniciativas relacionadas con el intercambio de sacerdotes y las misiones de evangelización, así como otros espacios de cooperación que podrán desarrollarse en el futuro». Estas ideas se presentarán ahora a las distintas conferencias episcopales para seguir trabajando sobre ellas.

Estos pasos podrían abrir camino hacia la creación de una nueva organización eclesial regional, al estilo de las que ya existen en Europa, América Latina, Asia o distintas partes de África. Los obispos expresaron su «anhelo de avanzar, de manera gradual y prudente, hacia una región de fraternidad episcopal de Norteamérica», con un «vínculo estable» en «unión con el Santo Padre».

En cuanto a la llamada general a la misión, las reflexiones de los obispos giraron en torno a cómo «una Iglesia puede tener magníficos análisis y perder el Evangelio; muchos recursos y perder la esperanza; grandes principios y olvidar el rostro concreto de la persona; estructuras muy eficientes y dejar de ser una casa donde alguien se siente acogido».

Ayudar a construir puentes entre sus países

El comunicado conjunto señala que «en un momento en que las relaciones entre las naciones pueden experimentar tensiones y diferencias, este encuentro ofrece un signo particularmente significativo: es posible escucharnos, reconocernos como hermanos y trabajar juntos aun cuando nuestras realidades nacionales sean distintas».

Uno de los momentos de intercambio. Foto: El Visitante de Puerto Rico.
Uno de los momentos de intercambio. Foto: El Visitante de Puerto Rico.

En este sentido, las Iglesias de Norteamérica «quieren contribuir a tender puentes, favorecer el diálogo y promover una cultura del encuentro» aprendiendo a «caminar juntos desde aquello que nos une» sin «ignorar las diferencias».

Dentro de este diálogo, los obispos de cada país esbozaron la situación de sus Iglesias. Los mexicanos resaltaron, por ejemplo, los «grandes contrastes y desafíos» como la desigualdad o la violencia». Pero también la «fe profunda» y la «arraigada religiosidad popular» del pueblo.

Por su parte, los canadienses ofrecieron el retrato de una sociedad «profundamente diversa y, a la vez, fuertemente secularizada». En cuanto a la situación migratoria del país, señalaron que a pesar de una mayor restricción, «en muchas diócesis son las familias migrantes y el clero venido de otras naciones quienes renuevan el dinamismo de algunas parroquias».