Mariano Crociata: «Apremia acercar las instituciones europeas a la ciudadanía» - Alfa y Omega

Mariano Crociata: «Apremia acercar las instituciones europeas a la ciudadanía»

El vicepresidente de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea aborda los desafíos que sobrevuelan el continente y el papel de la Iglesia como agente de cambio

Victoria Isabel Cardiel C.
El obispo italiano durante la entrevista en el Vaticano, el pasado 10 de junio. Foto: Victoria I. Cardiel

¿Cuáles son los temas europeos que más preocupan al Papa?
No creo que se hayan sumado preocupaciones nuevas al horizonte del pontificado a las ya enunciadas en los discursos que el Papa ha dirigido a las instituciones europeas: la igualdad social, la atención a los estratos más vulnerables de la sociedad, el tema de la inmigración, el medioambiente, el diálogo social y el diálogo interreligioso.

El vigente Tratado de la Unión Europea hunde las raíces en los valores democráticos. No obstante, las políticas migratorias de la UE distan bastante de esta perspectiva. ¿Qué tiene que pasar para que se llegue a un acuerdo que respete los derechos humanos?
Más allá de los aspectos técnicos a nivel político, es muy importante que se allane el camino del diálogo social. La política tiene que incentivar el intercambio cultural, y el encuentro de personas de distintos países y confesiones en todos los ámbitos. Este es un factor decisivo en la cuestión de la integración. Incluso los países que muestran más resistencia ante la llegada de inmigrantes podrían cambiar de opinión si sus habitantes, en vez de hablar de oídas de los inmigrantes, como si fueran algo abstracto, tuvieran una experiencia directa de encuentro con estas personas. El eje educativo es fundamental. Hay que organizar proyectos de intercambio entre jóvenes estudiantes que suelen tener una visión más abierta. Uno de los obstáculos es el bloqueo de la dialéctica y la polarización. Las posiciones permanecen enrocadas sin que se escuche de verdad lo que piensa el otro, cuando el interés común de todos los países es encontrar un acuerdo en la cuestión migratoria para salvaguardar también la convivencia nacional. Es un imperativo moral, pero también una necesidad real.

¿Cuál es el papel de la Iglesia en esto?
La Iglesia tiene claro que su lugar está al lado de los que sufren. Nuestro deber no es otro que apelar a la acogida, siempre –claro está– en el respeto de las leyes y de los valores sociales de cada país. Además, podemos ser ejemplo de cómo abrir caminos de diálogo en libertad. Nosotros, los obispos, sabemos bien cuál es el sentir de nuestras naciones. En muchas ocasiones son posiciones diversas, pero asumimos el diálogo como una oportunidad.

¿Se enmarca esto en la posibilidad que anunció el presidente de la COMECE, el cardenal Hollerich, de celebrar un sínodo europeo?
El Papa quiere instaurar en todos los niveles de la Iglesia un proceso sinodal. Pero hay que hacer una apreciación técnica: los sínodos son o de todos los obispos del mundo o de las diócesis particulares. A nivel continental o nacional no podemos hablar de sínodo, sino de camino sinodal. De todas formas, el sínodo convocado para 2023 ha sido concebido como un flujo continuo que parte de las diócesis, para llegar a un nivel nacional que después pondrá en marcha la fase continental. Por eso podemos decir que conoceremos una fase sinodal europea.

¿Cómo evalúa el camino sinodal que han abierto los obispos alemanes?
Los obispos italianos también decidimos en mayo abrir un camino sinodal para trabajar juntos, poniendo en común nuestras responsabilidades. Pero no es tan mediático. Todos los episcopados del mundo tenemos a nuestro alcance un instrumento que abre la puerta a la implicación de la entera comunidad de fieles. Es la llave para poner en común la reflexión de todos los fieles y permitirnos a nosotros, obispos, tomar conciencia de cuál es la respuesta más adecuada ante las expectativas de los fieles. Lo valoro como algo muy positivo. No podemos negar que la Iglesia está viviendo una crisis. Para salir de aquí necesitamos una participación coral.

¿Cómo participará la COMECE en la conferencia sobre el futuro de Europa?
Se trata de un proyecto ambicioso cuyo objetivo es reforzar la UE y hacer que los ciudadanos la sientan como algo de todos. Me atrevería a decir que es una especie de proceso sinodal laico que permitirá a la jerarquía de las instituciones europeas escuchar la voz de las bases, de los ciudadanos. Como COMECE queremos dar un impulso concreto a este proceso. Estamos trabajando en varios temas, y uno de los más apremiantes es el acercamiento de las instituciones europeas a los ciudadanos para romper la desafección, conectar con los jóvenes y vencer el derrotismo.

A veces la posición de la Iglesia en temas como el aborto o la eutanasia no es del todo comprendida en los organismos multilaterales. ¿Cuál es la clave para presentarlos?
Creo que la Iglesia se ha equivocado pensando que la única manera de defender su propia visión era imponerla trastocando las dinámicas legislativas de los países, como si fuera una fuerza externa. Creo que eso forma parte del pasado. El contexto ha cambiado. Ahora es necesario instaurar un diálogo que nos permita exponer sin miedo nuestras razones para tratar de hacer entender al otro que lo que defendemos no es un bien que nos pertenece solo a nosotros, sino que es un bien universal, que hace bien a toda la humanidad. Deberíamos tratar de generar más concordia en torno a los grandes temas como la defensa de la vida o de la dignidad de las personas y remar contra el clima actual en el que parece que todo son derechos. No debemos perder de vista que existe una jerarquía natural de valores y que no se puede poner todo al mismo nivel, reduciendo cada uno de los temas a algo indiferenciado. Esto no significa convertirnos en energúmenos que van gritando como locos su posición. Tenemos que usar el diálogo y la argumentación racional.

Bio

Nació en Castelvetrano, diócesis de Trapani, en 1953. Hasta 2013 fue el secretario de la Conferencia Episcopal Italiana. Desde 2018 es vicepresidente de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea (COMECE). Es un experto en temas de diálogo interreligioso y ha publicado varios estudios sobre teología de las religiones.